Enedina Perdomo, agricultora de una pequeña aldea de Lanzarote, es la protagonista de este cortometraje de brujas que hechiza festivales de cine y encanta nuestra mirada.

 

Siempre me pareció sorprendente y un poco estúpido también que las brujas, tan temidas y poderosas que llegaron a ser consideradas enemigo prioritario del Estado y de los “buenos cristianos”, estuvieran casadas con el Diablo, un tipo –varón-, que fracasa estrepitosamente en toda empresa que acomete y que además es feo e impopular. Y eso que eran ancianas briosas, capaces de encantar a los hombres pese a sus verrugas. Mujeres pioneras; mucho antes de que existieran los aviones, ellas se alzaban en vuelo místico sobre las herramientas de trabajo que encadenaban a otras a sus hogares para quedar con sus pares y bailar desnudas en el bosque.

Que una trama tan mal labrada llevase a cientos de miles de mujeres a la hoguera, la mayoría de ellas campesinas, no deja de poner de relevancia el gran poder que tiene el mito para colonizar el imaginario de una sociedad y la responsabilidad de los narradores de recapitular sobre el pasado y volver al origen de todo relato para entender el presente y escribir el futuro.

Esta es la historia de dos cineastas, un rezo y una película que hechiza a programadores de festival de cine y encanta no solo nuestra mirada, sino nuestras consciencias.

 

“De plaza en plaza, de villa en villa, (…) sin Dios ni Santa María”

 

Ocurría en Tenerife y también en otras islas; Cuba, por ejemplo. Cuando una mujer –entiéndase, una bruja-, quería ascender en vuelo, real, alucinógeno o imaginario hacia el lugar de su deseo realizaba esta invocación: “De villa en villa, de guía en guía…”, recitan Helena Girón y Samuel Delgado en mi cocina, aunque en realidad me hablan desde Madrid y yo les entrevisto desde Barcelona, e incluso, pienso, este acto virtual tan cotidiano, que ya no nos parece prodigio –“de ciudad a ciudad” – podría formar parte del conjuro. Porque ‘Sin Dios ni Santa María’ es también el nombre del cortometraje documental que los dos jóvenes cineastas presentan el próximo mes de octubre en el Festival de Cine de Nueva York y antes también en Toronto, donde Andréa Picard, la programadora del certamen, dijo haber quedado “embrujada” por la propuesta.

Que ‘Sin Dios ni Santa María’ sea una historia de brujería en Canarias es, cuanto menos, otra de esas mágicas sincronías que, como veremos, dan vida no solo a la película sino a su propia gestación: “Habíamos estado leyendo La Bruja, de Michelet, y nos conmovió mucho la forma en que trataba el mito de la brujería desde la cotidianidad de las mujeres. También en el ya clásico de Silvia Federici, El Calibán y la Bruja, ya que una de sus tesis es que la caza de brujas surgió como una reacción a las luchas campesinas de los siglos XIV y XV. Queríamos que el tema de la brujería orbitase en toda la película…”. Cuando aparecieron las cintas.

“Eran grabaciones sobre el pastoreo, pero en un momento empiezan a surgir relatos de superstición con brujas”.

Podría ser también el tema de otra película, una meta historia que versa sobre dos cineastas que, en su intento de reescribir políticamente el origen de la brujería, reciben un correo de una amiga con fragmentos de la transcripción de unas entrevistas a pastores en donde cuentan sus experiencias y creencia en brujas; pero así fue cómo ocurrió:

A mediados de los años sesenta Luis Diego Cuscoy, un antropólogo de origen catalán que había llegado a Canarias huyendo de la represión franquista, realizó una serie de entrevistas a pastores con objeto de rastrear la herencia de la cultura guanche en Tenerife. “Eran grabaciones que trataban sobre todo cuestiones de pastoreo, pero en un momento determinado empiezan a surgir relatos de superstición con brujas y se nota cómo, a medida que avanzan esas diez horas de audio, Cuscoy empieza a interesarse cada vez más en este tema”. Al igual que ellos, que decidieron no solo incluir esas narraciones fantasmagóricas en la película, sino viajar a Canarias, lugar donde nació Samuel, en busca de aquella bruja de la que dijo el historiador francés Jules Michelet que tenía “la segunda visión” y “alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo”.

Enedina Perdomo, agricultora de la pequeña aldea de Ye, en Lanzarote, no ha leído a Michelet. Su imagen anacrónica parece rescatada de un viejo documental etnográfico sobre costumbres rurales. La vemos caminar vacilante por los prados, recolectar plantas y entornar los ojos para otear la línea de un mar entre montañas cuyas orillas nunca visitó, a pesar de haber nacido en una isla. Su figura queda impresionada en una película de 16mm caducada con la que Samuel y Helena grabaron el filme.

– Pero, ¿por qué ella? ¿Por qué esa mujer y esa aldea? – les pregunto.

– La razón es muy sencilla –me cuenta entre risas Samuel-, es mi abuela. Pero también es una persona que simboliza una forma de vida casi extinta en Europa, ese mundo que siempre parece estar apunto de desaparecer.

– Pensamos que en el lenguaje no verbal de las personas se hayan ciertos rasgos de hace siglos, de la misma forma que los relatos orales nos cuentan mucho de las condiciones políticas de un momento –comenta Helena, para quien desnaturalizar lo cotidiano permite repensar nuestro mundo.

Consiste en encontrar la magia en lo ordinario, saber que la lucha de poder es también una guerra de imaginarios, los impuestos y los propios.

–Las brujas surgieron porque una ideología legisló para crearlas, pero no existen de por sí. Y eso es lo quisimos expresar jugando con la imagen y el sonido.

“Utilizamos película de 16mm caducada y revelamos siguiendo procedimientos artesanales para mantener la coherencia entre los materiales y la historia”.

A la par que Enedina realiza sus tareas y se hace la noche, como cada día en la suma de sus días, reverberan unas voces de pastores, aquellas que relataron al antropólogo Cuscoy toda suerte de prodigios terribles de las brujas de los cerros. Y uno no sabe si las risas histriónicas que se escuchan de ultratumba provienen de un archivo o son parte de las cintas, o producto de un sortilegio.

–Nosotros construimos en el montaje y siempre intentamos ser conscientes del componente político de las acciones. Nos ayuda a guiarnos y entender políticamente que está significando aquello que haces –me explican.

 

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En un momento de nuestra entrevista por Skype la voz se pierde, la llamada se corta. “¿Hola? ¿Me escucháis bien?”. Curiosamente, hablábamos de la obsolescencia, cómo dar forma a un relato sobre unas creencias anacrónicas en un lugar y con unos personajes que también lo son. En una película, dijo el director Nathaniel Dorsky, hay dos formas de incluir a los seres humanos: la primera es describirlos; la segunda, crear una forma de film que incluya todas las cualidades humanas. A este última, Dorsky la calificaba como una forma de poesía.

‘Sin Dios ni Santa María’ es, en muchos sentidos, heredera de esta idea.

–Utilizamos película de 16mm caducada y revelamos siguiendo procedimientos artesanales porque para nosotros era importante que todos los materiales fueran coherentes, no solo por lo plástico, sino por la idea de obsoleto. Igual que las grabaciones iban teniendo defectos y se iban desvaneciendo, decidimos que ocurriera lo mismo con la imagen, y así poder conjugar la sincronía para que las voces resignificasen las acciones cotidianas de la mujer.

Es a través del montaje como el cineasta se adueña de un discurso para subvertirlo y poblar de sentido imágenes aparentemente anecdóticas, como lo fue la caza de brujas en los libros de historia.

 

 

“De plaza en plaza, de festival en festival”…

No se lo deben al poder del rezo, sino a lo original y poético de esta obra de a penas 12 minutos de duración. Tras ser proyectada en los certámenes de cine de autor más prestigiosos de España, ‘Sin Dios ni Santa María’ fue seleccionada para participar en las secciones de vanguardia de los grandes festivales de cine de Nueva York y Toronto.

–Lo que nos gusta de esta experiencia es poder compartir la película y dejarnos llevar por otras obras que nos inspiren y cineastas cuyas obras admiras.

–La pena –contesto- es que no hay muchos lugares donde poder ver estas pelis… Esto también es política.

–Es trágico, pero es así. La industria funciona con unos tiempos y unos cánones de parrillas. Si una película no dura 70 minutos mínimo, lo va a tener muy complicado para ser programada. Luego está el tipo de cine… Ese es el problema de la distribución comercial.

–Sí, somos como un cónclave de gente con un gusto marginal.

Escucho a Samuel y Helena y a mi mente acuden las imágenes fantásticas de aquelarres en los bosques, donde aquellos que recibieron el estigma del extraño se reúnen para conjurar otras fuerzas, otros dioses, otro cine que escapa de todo dogma y etiqueta. Ellos también, pienso, a su manera, son la Bruja que describió Michelet.

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Sobre los autores:

Helena Girón (Santiago de Compostela. 1988)

Tras licenciarse en Comunicación Audiovisual, realiza el Máster de Guión de Cine y TV de la Universidad Carlos III, el Máster de Montaje de la ESCAC y el Grado en Antropología de la UNED. Su trabajo tiende puentes entre la narrativa de ficción y el cine experimental empleando materiales físicos y procesos fotoquímicos. Su primera película como directora, Sin Dios ni Santa María, ha sido seleccionada en festivales internacionales como Toronto International Film Festival, New York Film Festival, Media City Film Fest o Curtas Vilas do Conde y festivales nacionales como Alcances, Filmadrid, IBAFF o S8.

Samuel M. Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1987)

Licenciado en Comunicación Audiovisual especializado en guión cinematográfico. Sus trabajos, mayoritariamente, se encuentran en los territorios limítrofes de la no-ficción. Ha sido guionista del largometraje Slimane dirigido por José A. Alayón (El Viaje Films, 2013), director y guionista del cortometraje Malpaís (Trova Film, El Viaje Films, 2013), ambas producciones han estado presentes en festivales internacionales en los que ha conseguido varios premios y menciones. Su último trabajo como director, Sin Dios ni Santa María, ha sido seleccionada en festivales internacionales como Toronto International Film Festival, New York Film Festival, Media City Film Fest o Curtas Vilas do Conde y festivales nacionales como Alcances, Filmadrid, IBAFF o S8. También ha colaborado como docente en la EICTV de San Antonio de los Baños (Cuba).

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