Lumi Dolls es el primer prostíbulo de muñecas hiperrealistas del mundo y se encuentra en Barcelona. Allí acudí para saber qué se siente practicando sexo con una ‘Barbie’ a tamaño natural y la experiencia me dio qué pensar…

 

He llegado un poco temprano, así que decido entrar al bar de al lado, pedir un cortado y revisar la web de Lumi Dolls, el primer prostíbulo de muñecas hiperealistas del mundo, donde tengo una cita en media hora.

De momento su web ofrece cuatro¨chicas”. Al no saber cuál me tocará, intento memorizar todos sus nombres para conocerlas un poquito y así poder sorprenderlas como un buen caballero al entrar. Tenemos a Katy, la única europea entre las cuatro, una rubia con ojos azules y tetas gigantes que diría que es de un pueblecito de Europa del Este. Kanada, una morenaza asiática que no tengo muy claro dónde ha cogido ese color. Lily, también asiática, con 161 cm de altura y mirada muy profunda. Y la última, Yoko, que aparece con un vestido de boda y ramo de flores en la mano en la primera foto, y con ropa de gimnasia y estampado ¨Fuck me¨ en la parte delantera de sus braguitas en la segunda. Parece un angelito.

Me gusta la selección de fotos de Yoko, pero me intriga saber si alguien conoce lo que hace a las 11h de la mañana en un prostíbulo al lado de Camp Nou de Barcelona.

Sin darme cuenta llegan las 11, hora acordada para mi cita con unas de la chicas de Lumi Dolls. Así que me dirijo a un edificio típico del Eixample, de esos de puerta grande de madera, donde me recibe una señora muy amable. “¿Quieres que te presente a las chicas?”, me pregunta. En este momento entiendo que aquí también trabajan chicas reales, mano a mano con las muñecas. Me imagino cómo deben ser las cenas de empresa de Navidad. Le digo que muchas gracias, que he venido por las muñecas. ¨La última puerta a la derecha¨, me responde con mirada decepcionada.

Al entrar en la habitación, siento una sensación rara en el estómago. Supongo que son los nervios. No tengo muy claro cómo va a ser el encuentro, nunca en mi vida pagué por sexo. Y menos con muñecas. Y ahí me espera Lily. Bingo. La reconozco fácilmente, con ese flequillo no podía confundirme. Está sentada en la cama en ropa interior, colocada en una posición medio sexy medio contra-la-anatomía-humana, con su mano izquierda retorcida. Muy retorcida.

Dejo mis cosas en la silla de la esquina, donde encuentro toallas, condones y un lubricante por si acaso, y me dirijo a Lily para salvarla de esa posición aparentemente dolorosa.

Lily pesa unos 50 kilos, está hecha de silicona especial y es más o menos como en las fotos; un poco menos brillante, menos maquillada y con señales de uso en sitios concretos. Al entrar, me explican que tiene tres agujeros, “pensados para todos los gustos”. Intento moverla al otro lado de la cama y me doy cuenta de que no es misión fácil, pues Lily no responde a los movimientos. Lily no es real. Durante la transacción, su cabeza no deja de caer y me siento (un poco) como un asesino intentando mover a su víctima después del crimen. En ese momento veo claro que Lily no va a cumplir mis expectativas sexuales.

prostíbulo muñecas 2 laudano magazine

 

Estamos sentados los dos al borde de la cama y Lily parece un poco triste de repente. Creo que se ha dado cuenta de que no vamos a hacer el amor hoy, la única función por la cual fue fabricada. Empatizo con ella y me esfuerzo en hacerle entender que un trozo de silicona moldeada en forma de mujer perfecta, con tres agujeros “para todos los gustos” no es suficiente para mí. Resulta que necesito un poco más que esto.

Lily y sus compañeras de Lumi Dolls tienen mucho trabajo diario, según me explica Sergi, el socio fundador. Tanto que ya están negociando para abrir un nuevo local y fichando a ¨chicas¨ nuevas. “El primer burdel de muñecas del mundo¨ me dice Sergi con orgullo, para seguir contándome cómo surgió la idea. Sergi tiene unos 27 años y para nada es el típico tío que imagino regentando un prostíbulo de muñecas. Me cuenta que sus tres otros socios y él descubrieron estas muñecas hace un par de años, hicieron un estudio de mercado y decidieron tirar adelante la idea. Su sentimiento es el de emprendedores de Silicon Valley, visionarios. A sus ojos, no regentan un prostíbulo, sino dirigen una startup.

Siguiendo con nuestra conversación, me cuenta que su público va desde turistas, gente que quiere probar cosas nuevas o personas con miedo a intimar con mujeres, hasta jóvenes que vienen a practicar antes del ‘primer gran partido’. Según él, sus clientes no son personas que consuman sexo con prostitutas regularmente y no cree que suceda que aquellos acostumbrados a sexo con humanos pasen a tenerlo con muñecos. Por ahora.

No he podido evitar preguntarle sobre las peticiones ¨especiales¨ que suelen hacer sus clientes. Aparte del los diferentes outfits típicos de ¨ejecutiva¨ y ¨colegiala¨ que ofrecen en su web, me explica Sergi que más de una vez le han pedido que ate a la muñeca como si fuera una violación. También me comenta que existen muchos modelos de muñecas en el mercado con medidas muy pequeñas, tanto que parecen niños. Sin embargo, a pesar de que tienen demanda, ellos no quieren ofrecer este clase de muñecas y servicios y me aclara que no apoyan comportamientos de este tipo.

Una búsqueda rápida en internet revela que hay bastante empresas especializadas en fabricar muñecas como Lily. Entre ellas se encuentra Realdolls, una empresa estadounidense pionera en el sector, que ya está trabajando en desarrollar la tecnología que permita crear muñecas interactivas, que respondan a estímulos y que hagan de la experiencia algo más realista. Aún estamos lejos de poder hacer el amor con robots, pero sitios como Lumi Dolls ya marcan el camino que tantas veces hemos visto en películas de ciencia ficción. Una gota en un tsunami que, queramos o no, tocará a nuestra puerta de forma inexorable. Lily es hoy como un iphone 3g sin sistema operativo. Quién sabe si cuando se convierta en un iPhone x podamos volver a vernos para hablar del universo antes de entrar a la cama.