¿Qué violencias albergan los cuerpos enfermos y viejos? ¿Qué es ser tullido?  ¿Hay personas discapacitadas o son los espacios y los discursos que no contemplan la diversidad los que están tullidos? ¿Somos errores del sistema? Si las palabras están cargadas de ideología política, nombrando sentenciamos y renombrando nos apoderamos de lo que pretende validar unas identidades y cuerpos en detrimento de otros. Igual que lo ‘queer’ (raro, anómalo) se apoderó del insulto para resignificarlo, el profesor Mc Ruer, en su libro ‘La Teoría Crip’, empleó el término ‘crip’ (crippel significa ‘tullido’ en inglés) para designar un nuevo modelo cultural donde los discursos que no se adaptan a la pluralidad de mentes y cuerpos son los que están discapacitados, y no la personas.

La investigadora crip y fotógrafa Míriam Vega transita la acromegalia, un enfermedad crónica que se caracteriza por el aumento del tamaño de las manos, los pies, la mandíbula y la nariz. Sus autorretratos son un registro íntimo de los cambios que experimenta su cuerpo, su performatividad. “Era fotografiarse para localiza aquello que me descomponía”, cuenta. Su arte es un cuaderno de bitácora donde reflexiona sobre la forma en que se desliza ese discurso identitario a través de su cuerpo, una reflexión sobre las múltiples narrativas, violencias y subjetividades que nos atraviesan. Hoy hablamos con Míriam Vega para desmontar juntxs el cuerpo enfermo.

Abordaje endonasal. Foto de Míram Vega.

En tu opinión, ¿existe tal cosa como el cuerpo enfermo sano?

Desde una perspectiva crip y de disability studies es identificar los capacitismos -como violencia clínica, social, política, económica- que son vertidos en nuestros cuerpo por su no normatividad biológica. Hay velocidades, fuerzas y efectos clínicos que no pueden ser representados por una ausencia de narrativa, de discurso y de silenciamiento para/con las personas que experimentan una suerte de enfermedad discapacitante.

“Nacen, crecen, se reproducen y mueren” no es un discurso científico para aquello que entendemos como vida. ¿Dónde ubicamos la vejez y la enfermedad? La ciencia como la clínica son instituciones que, en esa transición feudalismo/ capitalismo, han sido alejadas del “arte de la medicina” para convertirse en aparatos de control, donde el discurso de nuestros cuerpos es producido a través de cuerpos blancos, masculinos, economizados y altamente saludables.

Aprendimos que hay violencias a las que estamos sometidas por tener un cuerpo asignado biopolíticamente como mujer cirgénero y por estar en edad de producción. Pero no entendimos, como colectivo, qué violencias albergan nuestros cuerpos expropiados. Lo crip expone, o sobrexpone, aquello que entendemos por fascismo disca, violencia disca, discafobia, violencia clínica y ableismo. Es evitar esa expropiación del cuerpo a través de estructuras de poder y de capacitismo autómata.

Esta dicotomía sano-enfermo existe cuando el cuerpo sano transita, ocupa, produce y reproduce la mayoría de los discursos de vida. Desde un marco neoliberal se crean estructuras sistémicas que dificultan la vida. Podríamos discutir qué privilegios albergan y sustentan los cuerpos y las condiciones altamente saludable, y cómo funciona esta construcción social que beneficia y produce privilegios para/con los cuerpos sanos. Hablaríamos entonces de los efectos que produce un cuerpo normativamente sano para entender el saludcentrismo.

Se consumen escaparates y agencia de viajes a través de la imagen de sujetos nórdicos con pelo platinado y sonrisa protésica de alto coste. Sujetos economizados que no se acoplan a la subjetivación de la vejez, la discapacidad y la enfermedad. Podemos pasear por youtube mientras el anuncio de diclofenaco forte simula cómo una mujer protésica le chuta ágilmente al balón como bien espera este saludcentrismo. Haciendo un poco más de zoom, nos encontramos con políticas thanatopolíticas y necropolíticas que promueven los ministerios de salud como poder estado(s) donde 4.000 personas son asesinadas por un bloqueo de acceso a medicación hepática. Es la ausencia del pharmakón y la ausencia del quiro lo que hace que la salud sea selectiva.

El cuerpo enfermo es desterritorializado del privilegio del discurso que otrxs formulan sobre nosotrxs, no es representativo a la realidad que albergan nuestros cuerpos.
Es dentro de un neoliberalismo donde hay que entender esta dicotomía. La salud como privilegio puede asignarse o no a los cuerpos, es insertable y puede funcionar con asignación. La clínica como institución es una fábrica de cuerpos, de subjetividades y de realidades que puede saltarse vilmente todo valor científico. Véase:

https://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/dra-ingeborg-kraus-la-prostitucion-es-incompatible-con-la-igualdad-entre-hombres-y-mujeres

 

¿Puede el arte ‘hackear’ las nociones de cuerpo sano/enfermo? ¿Tu trabajo es una forma de resistencia, de exploración, de apropiación de una narrativa, de un diagnóstico…?

Somos una sociedad que experimentará la ausencia de la tecnología biomolecular para una vida vivible, pero abastecidos de la tecnología de pantallas y del pixel como modelo de vida. Se puede desplazar lo privado hacia terrenos extimos y representativos, construir lo representativo, crear realidades con estos agenciamiento colectivos para caer, a veces, por tránsitos artísticos que pueden leerse como modos de resistencia. El cuerpo como performatividad decide o no cómo sucumbir y albergar estos tránsitos con el fin de vehiculizar con ello el activismo disca. Son decisiones de performatividad.

Antes de ser “hackeo” para el propio cuerpo, es trabajo. Como trabajo, pienso que se efectúan más “hackeos” limpiando hoteles y produciendo fotos en la playa como un “servicio del recuerdo” que trabajando para el museo. Una imagen puede exponerse, educar y amaestrar a través de la repetición. Incluso algunxs pueden rezarle a estas imágenes a través del merchan que promueve el arte como sucede con la obra de Kahlo. Fueron la industria del arte y el feminismo quienes decidieron cuánto de feminista era su cuerpo, apoyándose en un exceso de amor romántico por un señor que también era pintor. Mientras, el arte se olvida de que fue una pionera pintora que expuso una narrativa de lo que hoy entendemos como feminicidio. Así nos lo cuenta su obra con “unos cuantos piquetitos”.

Frida Kahlo.

Pareciera que hoy la imagen solo produce hackeo cuando es pixelada, censurada. Son otras prácticas, otros plugins, otra intertextualidad las que pudieran efectuar alguna incisión. Pero no me sucumbe el exceso de imagen insertada en una institución que todavía se mueve en siglos anteriores y la convierte en aséptica.

Sobre el proceso de exploración, pienso que no concierne al sujeto que mira. Se puede observar lo fotografiado, lo escrito, lo expuesto, incluso puede abastecerse de aquello generado. Lo exploración, como todo proceso de averiguación, lo entiendo como un diálogo íntimo. El apropiacionismo no se da en los discursos de enfermedad. La enfermedad no puede ser leída como apropiación ya que es constitutiva; constituye al cuerpo en su singularidad de vida. Es un discurso común para el disabled a la vez que identitario a través de lo que averigua el propio cuerpo.

“Cuando algo no se puede representar se crean significantes para poder hablar. Las tullidografías son coordenadas para hacer mapas”. -Míriam Vega

El diagnóstico, como todo texto compulsado, efectúa poderes porque es un dispositivo de control clínico. Criminaliza o legitima nuestros cuerpos. Los representa crédulos o incrédulos. El tránsito que se efectúa para la obtención de un diagnóstico, de un texto compulsado, se realiza para llegar al quiro, para aumentar las probabilidades de perdurabilidad de vida y para su control pharmapornográfico. La ausencia de estos texto compulsados, los diagnósticos, son una manera de economizar el gasto clínico mientras los cuerpos son movidos de un lugar a otro.

Hacer para el museo, exponer un cuerpo a través de una práctica artística, no tiene otro significante que efectuar fricciones, contagios, intensidades, afectos y desafectos. Se hace con un propósito de guerrilla discursiva. Los cuerpos ubicados en estos márgenes no viven en el museo, son otrxs los que viven allá. Los que comisarían, los que dan beca, los que deciden que Call for papers se pueden mostrar a través de aquello que Remedios Zafra define como el entusiasmo. La discapacidad como museo se convierte en un freak show porque era desde el circo, pero también era desde el museo como ciencia para la genealogía del disabled.

Pienso en museo y en esos fenómenos de inspiration porn cuando, #Documenta14 #kassel habla de la obra de Lorenza Böttner como “la encarnación viva de Petra, la controvertida mascota paralímpica diseñada por Mariscal”. Petra como ´mascota´ de los paralímpicos que no llega a ser leída por el museo como una persona sin brazos.

Petra, la mascota de los Juegos Paralímpicos 1992.

Recuerdo ahora trabajos como el de Yohana Hedva con su ‘Teoría de la mujer enferma’; Leonor Silvestri con su ‘Games of Crohn’, Jenny Morris y su “feminismo y discapacidad” o Jennifer Brea cuando produce su documental ‘Unrest’ (disturbios) . Hay una escasez de materiales que circulan en nuestra lengua. La cuestión es que no hay cultura de la discapacidad fuera de un lenguaje sajón. Por eso la ‘Archiva Disability’ que está ubicada en mi site miriamvega.es como recortes y mapeos.

Poner a debate estas cuestiones parte por decolonizar nuestra subjetividad construida que practica el racismo, el machismo, el capacitismo, la homofobia y toda una listas de fobias, como si el fascismo fuera, en ese estado de #fobia, un comportamiento psicomédico freudiano que exime a quien lo produce de violentx.

 

Otros artistas utilizan el performance como herramienta de arte/activismo sobre el cuerpo, tú usas la fotografía. ¿Qué cosas posibilita este medio a la hora de explorar tu proceso?

Utilicé la performance en esos procesos de exploración, al igual que fue exploración archivar mi propia imagen en su mutabilidad en su diálogo con esa transición biológica. El self-portrait como proceso fotográfico, archivo datos de mi performatividad acromegálica. Era fotografiarse para localizar narrativas. Un cuaderno de bitácora para observar cómo se deslizaba ese discurso identitario y poder mostrar qué violencias, subjetividades, tránsitos, reflexiones y lugares -nada seguros- constituyen al cuerpo disca. Me interesaba lo crip como piel, de ahí que me interesara la piel como pixel, como fotografía. La fotografía fue una herramienta más para argumentar lo crip.

 

En el cuerpo expuesto hablas de ‘diagnosticar con el ancestro’. ¿Podrías explicarlo? ¿Qué conclusiones extrajiste de este trabajo?

No sé si te refieres una frase de uno de los textos de la web. “Desde este cuarto propio conectado aprendí a ‘operar’ para pasar el tiempo, para alternar la lectura con el paseo, para dialogar con el ancestro”. La periferia marginal está constituida de campos, de paseos, yeguas, escombreras y chatarra. De ahí nace mi paseo. Dialogar con el ancestro es aquello que Thoreau llama caminar como resistencia, caminar como conciencia y entrenamiento. Conclusiones para con ‘El cuerpo expuesto’ es contar aquello que filtra como identidad disabled.

 

Dos conceptos de tu trabajo me parecen interesantes, el de ‘estudios tullidos’ y ‘tullidografía’. ¿Los has acuñado tú?

El feminismo pasó a ser trans*feminista cuando entendimos que no todos los cuerpos valen lo mismo, pero sin establecer alianzas con la vejez, la discapacidad y la enfermedad de nuestras cuerpas. No estamos invitadas a esta fiesta. El proto-queer es una reapropiación del insulto, al igual que lo es lo crip en cuanto a su significante tullido y lisiado. La teoría crip es -teoría crítica- dentro de los territorios y estudios en torno a las identidades con discapacidad. Lo tullido/ lisiado es el insulto, la traducción de crip.

Cuando algo no se puede representar se crean significantes para poder hablar. Las tullidografías son coordenadas para hacer mapas.