Zadie Smith, Paul Auster o Siri Hustvedt son algunos de los grandes autores que han participado en la séptima edición de Lousiana Literature Festival.

 

 

No deja de sorprenderme la enorme capacidad de un museo tan pequeño y tan apartado de la capital como el Louisiana Museum. Como si el propio país fuera un oxímoron de proporciones gigantescas. Primero, algo de contexto. Dinamarca es un país pequeño, con una capital pequeña, y un par de ciudades importantes pequeñas. En general, es un país pequeño que poca gente sabe situar en un mapa. El conocimiento general sobre Dinamarca es igual de pequeño, y si preguntamos sobre datos culturales del país, el conocimiento es todavía más pequeño. El Lousiana Museum se encuentra en Humlebaek, un pueblecito al norte de Copenhague. Para llegar a él, compro los billetes en la København H, la estación central, y tomo el S-Tog (el tren cercanías). Es viernes, segundo día del festival, y el tren está atestado. Pero, ¿cómo? En mis tres años viviendo aquí, esto se da en poquísimas ocasiones. Quizá durante alguna festividad importante como el Kulturnatten, ya que el transporte es gratuito, o en algún periodo de nevadas intensas.

Subo al vagón, me siento, y saco un libro. Miro a mi alrededor y veo por lo menos la mitad de la gente con un libro en sus manos. El mío es ‘Stories of the Hidden China’, de Yu Hua (inédito en castellano). Pero veo Zadie Smith, Imbolo Mbue, Paul Auster, Siri Hudsvedt y Samantha Schweblin escrito en algunas portadas. Sí, toda esta gente sube al festival de literatura que organiza cada año el Louisiana Museum. El evento literario más importante de la isla de Selandia. En Odense se entrega cada año el premio H.C. Andersen de literatura juvenil a nivel mundial, y aunque la entrada al pública es muy estricta, diría que todavía sigue teniendo más repercusión. Si me preguntáis a mí, el festival de literatura del Lousiana Museum es uno de los festivales más alucinantes a los que he asistido. Y llevo ya tres ediciones.

La escritora inglesa Zadie Smith, una de las grandes figuras de esta edición. Foto: A. Páez

La escritora Imbolo Mbue, una de las grandes figuras de esta edición. Foto: A. Páez

 

Con tan solo siete ediciones, el Lousiana Literature Festival se está posicionando lentamente como uno de los eventos literarios de asistencia pública más importantes de Europa. Algunos de los invitados del año pasado tienen una repercusión internacional tremenda, como Julian Barnes, Karl Ove Knausgård, Hanya Yanagihara, Nell Zink, Chigozie Obioma, o Olga Tokarczuk. En anteriores ediciones autores como Ngugi wa Thiong’o, Rachel Kushner o Leonardo Padura visitaron el festival en 2015, y en 2014 Joyce Carol Oates, Margaret Atwood y Philipp Meyer estuvieron en Dinamarca. El festival da un protagonismo evidente a los autores nórdicos, sobre todo daneses, y aunque la gran mayoría de estos autores no están publicados más que en danés, genera un flujo de información entre autores, editores y público.

Pero el festival no solo va de narrativa, pues hay espacio para la poesía, la música y las performances. Sin ir más lejos, este año Laurie Anderson estuvo en el escenario en varias ocasiones mientras que en el propio museo tenía lugar una exposición sobre Marina Abramovic, donde actores representaban algunas de sus performances más conocidas.

El Lousiana Museum es un centro para el arte contemporáneo en muchísimas facetas distintas con una gran carga histórica detrás. Fundada en 1958 por Knud W. Jensen, comenzó como centro de arte moderno danés, pero a los pocos años empezó a convertirse en una colección de arte internacional (con predominancia danesa). Hoy en día tienen obras fijas de artistas como Yayoi Kusama, o Giacometti. Es magnífico entrar a la sala donde tanto Imbolo Mbue por un lado, como Samantha Schweblin con Álvaro Enrique, leen fragmentos de sus obras y son entrevistados, rodeados de una exposición temporal con obras de Andy Warhol, Thomas Struth, o José Luis Lander. La fusión entre artes plásticas, arquitectura y literatura cristaliza cuando el público entra en el espacio. Un espacio dedicado únicamente al arte en todas sus formas.

La argentina Samanta Schweblin, que acaba de publicar la traducción inglesa de su novela 'Distancia de Rescate'. Foto: A. Páez

Los autores latinoamericanos Samantha Schweblin (‘Distancia de Rescate’) y Álvaro Enrique (‘Muerte súbita’). Foto: A. Páez

 

A pesar de que Yu Hua (autor de ¡Vivir!) no pudo asistir por motivos desconocidos, tuve el placer de escuchar a Imbolo Mbue, que acaba de publicar una obra muy polémica en los EE.UU. “Quería plasmar el choque cultural entre mi país de origen, Camerún, y EE.UU. Música, poesía, literatura… En EE.UU. lo más importante a nivel cultural es el dinero. No tener dinero está muy mal visto, sin necesidad de ser pobre”. Mbue explicaba que poco antes de la elección de Trump como presidente consiguió la nacionalidad norteamericana, y que en las presentaciones de ‘Behold the Dreamers’, su última novela, se bromea con que Donald Trump debería leerla. Todo esto lo contó en un artículo del New York Times, donde escribe periódicamente, y donde trata temas como la inmigración, el racismo o el feminismo. “Soy norteamericana, pero constantemente me recuerdan que vengo de Camerún. Por mi aspecto, mi acento [risas], pero sí, es una lucha constante por mi identidad”. Los prejuicios son el pan de cada día de Mbue, y así lo plasma en los personajes de su aclamada novela.

De identidad como escritores hablaron Samantha Schweblin, autora argentina que acaba de publicar en inglés la traducción de ‘Distancia de rescate’ y Álvaro Enrique, autor de ‘Muerte súbita’. “El libro va sobre la maternidad. A los autores de género policíaco no les preguntan si son asesinos. Pero si escribes sobre la maternidad te interrogan sobre si eres madre. Sobre si sabes lo que hay que saber del tema”. Comentaba Samantha Schweblin tras leer un fragmento de su terrorífica novela corta. “Es como si de la maternidad no se pudiera hablar, mientras que de la muerte y el crimen sí”. La obra de Schweblin, publicada en Literatura Random House habla del miedo a perder un hijo, y de qué es la distancia de rescate. Álvaro Enrique comentó que, para él, todo lo que escribe es, y no es autobiográfico al mismo tiempo. “En las novelas, es mi voz, pero al mismo tiempo no lo es”.

Ver a Zadie Smith era un casi imposible. Generó tantas expectativas que sus charlas tuvieron que ser retransmitidas por televisiones colocadas por el jardín, ya que el aforo al teatro estaba completo desde primera hora de la mañana. “Crecen en un suburbio de Londres me hizo pensar que vivía en un pueblo, y al mismo tiempo en el centro de la ciudad”. Para Smith, su barrio la marcó tanto como para que sea clave en NW, un retrato de la vida urbana inglesa. “Cuando escribo, siempre trato de encontrar un eco del tiempo en el que vivo”, explica la autora cuando describe cómo trata de reflejar el tiempo en el que vive.

En el festival también hay espacio para la poesía, la música y las performances. Foto: A. Páez

El público se sienta en la hierba para escuchar a Svetlana Alekisevich hablar de sus entrevistas. Foto: A. Páez

 

Menos interesante me resultó la entrevista a Paul Auster (aunque su charla con Siri Husvedt sí que fue digna de ver), donde contaba su relación personal con Nueva York y el por qué de la obsesión con la ciudad. Quizá sobraron anécdotas de señor mayor como en la que contaba por qué siempre lleva un bolígrafo en el bolsillo, y más profundidad en su discurso. “La esencia del artista es confrontar lo que tratas de hacer, observarlo desde todos los puntos, y si es bueno, tendrá su propia belleza. Una belleza impredecible”.

Pero para mí la verdadera protagonista fue Siri Hustvedt, que con una alucinante mente lúcida y una mirada crítica y personal del mundo comentaba con pocas palabras aspectos sobre los que muchos damos vueltas y más vueltas. “Ver a supremacistas blancos atacar a manifestantes por los derechos civiles, donde había niños de la edad de mis hijos, ha sido una imagen de una injusticia tan profunda que creo que nunca la voy a olvidar”. Para Hustvedt, autora de El mundo resplandeciente, EE.UU. está viviendo una era convulsa repleta de odio debido a unos ideales y a un statu quo que se desmorona. “Trump utiliza una mitología norteamericana muy peligrosa, la del lobo solitario. La del hombro rudo y recio que aguanta lo que sea por sí solo. El tipo de hombre que se creó a sí mismo, que no nació de ninguna mujer”. Hustvedt comenta que lo peor para los hombres machistas es la dependencia, algo que rechazan profundamente. Sentir que dependen de las mujeres es casi ofensivo. “Trump es una parodia de masculinidad extrema”. Para la autora de novelas y ensayos sobre actualidad, feminismo y sociedad, como Mujeres que miran a hombres que miran a mujeres, EE.UU. ha pasado de un presidente educado, calmado, y elegante, a un tipo que hace apología del racismo públicamente. Su actitud crítica hacia el gobierno de Trump era arrolladora, y su carisma generaba aplausos entre los espectadores.

 

El festival de literatura de Louisiana tiene características propias del arte contemporáneo: la mirada crítica hacia el presente, y por tener autores que destacan por alzar su voz y enfrentarse al statu quo. Es un espacio donde autoras como Svetlana Alekisevich reúnen a un público que se amontona por el jardín, estirados sobre la hierba o sentados en el suelo para escucharla hablar sobre sus entrevistas, sobre el mundo, sobre actualidad. Un festival donde acude gente de toda Europa. De todo el mundo. Exposiciones como las de Yayoi Kusama, que inauguró la propia artista japonesa, o la de Marina Abramovic, donde también acudió la artista, se complementan con un espacio cultural vivo, en constante cambio y que da voz a una generación de artistas que recalcan su propia visión sobre el mundo.

Por mi parte, pido un café, me compro el libro de Mbue y el último de Auster, y me dirijo a caminar por un atajo que cruza un pequeño bosque hasta la estación de tren. Tras tres días de festival, y de escuchar las proclamas de estos autores, la vida no parece tan gris. Aunque retraten mundos grises, lo hacen con voces de colores, y siempre con una pizca de esperanza. Hay cambio, es posible, y desde el festival de literatura alzan la voz. Desde este pequeño país que atrae a algunos de los autores más importantes de nuestro tiempo y los congrega en un pequeño pueblo al norte de la pequeña Copenhague. Puede que sea pequeño, pero la huella que deja este festival es imperecedera.