Narraba sus sueños mientras dormía y eran tan surrealistas que medio mundo despertó para escucharlos.

 

La mayoría de nosotros solemos hablar en sueños; palabras sueltas, preguntas incoherentes y la mayoría de las veces meros balbuceos o gemidos. Sin embargo, el compositor Dion McGregor era capaz de narrar cuanto acontecía en su vida onírica de la misma forma que si leyese en voz alta un relato con un principio y un final bien hilvanados y unos personajes, en algunos casos, tan inquietantes que mantuvo a medio mundo despierto mientras él dormía, convirtiéndose así en el caso de somniloquía más misterioso de todos los tiempos y así lo cuentan en un artículo publicado en BBC.

Ocurrió antes de que Martin Luther King tuviera su propio sueño y antes también de que la guerra de Vietnam segase los de miles de personas, en la Nueva York de principios de los años 60’. McGregor, que compuso ‘Where is the wonder’ para Barbra Streisand, había llegado a la ‘City’ como otro bohemio más y pernoctaba en los sofás de sus amigos porque no podía pagar el alquiler. Había dormido en casa del actor Carleton Carpenter y también en la del director de cine gay Peter De Rome y todos se quejaban de su dichosa manía de hablar en sueños, pero no fue hasta recalar en el apartamento del compositor Michael Barr, cuando éste se dio cuenta de su capacidad inusual.
Durante algunos meses Barr colocó una grabadora junto a la almohada y se dedicó a registrar los relatos del somnílocuo, que comenzaban en el momento en que sus pupilas empezaban a bailotear frenéticas y acababan al amanecer. “Sabías que Edwina no lloró cuando el cocodrilo le arrancó la pierna? Estaba fascinada. Su madre se desmayó, su padre se desmayó. La mitad de los asistentes se desmayaron. Y Edwina se quedó mirando cómo le arrancaba la pierna. ¿Sabes algo? Dijo que siempre quiso ser Long John Silver”, relató una de tantas noches, que quedaron registradas en la grabadora. Edwina volvería a aparecer de nuevo y también Lazy Susan, y otros personajes a veces malvados, otras alegres, que protagonizaban los extraños sueños del compositor.

Su popularidad creció hasta llegar a considerar sus aventuras inconscientes verdaderas obras literarias cercanas al surrealismo.

Cada vez que Barr organizaba una fiesta en casa, los invitados terminaban por escuchar las cintas, de forma que las aventuras oníricas se hicieron tan populares que la mítica discográfica neoyorquina Decca le ofreció grabar un disco, que se publicó en 1964 con el nombre ‘The Dream World of Dion McGregor’. Poco después, también la editorial Random House se interesó por el somnílocuo, solo que estos, más cautos, contrataron a un psiquiatra para que probase que no se trataba de una estafa. El diagnóstico no dejó lugar a dudas: McGregor era un tipo completamente sano y normal.

El compositor estaba cansado de su repentina e inmerecida fama; en una entrevista llegó a decir: “es como ser famoso por mojar la cama”. Pero a pesar de sus resistencias, su popularidad creció hasta llegar a considerar sus aventuras inconscientes verdaderas obras literarias. “Es como si fuera el autor de sus sueños”, declaró Steve Venright, que produciría dos discos más para Topor Vigil (‘Dreaming Like Mad with Dion McGregor’ y ‘The Further Somniloquies of Dion McGregor’). Asimismo, Phil Milstein, quien escribiría un largo ensayo sobre el subconsciente del compositor a raíz de su tercer LP, producido por la discográfica Tzadik (‘Dion McGregor Dreams Again’), calificaría las grabaciones de acercamiento sin precedentes al surrealismo. En uno de sus delirantes sueños, no exentos de humor negro, Lazy Susan envenena un bollo y espera que alguien se lo coma; en otro, McGregor habla acerca de un pueblo mezquino y celoso llamado ‘Own Town’, que recuerda al inicio de algunos relatos de Raymond Carver.

Los sueños del compositor eran mucho más lógicos que los de cualquier soñante medio, aunque introdujese sirenas y centauros

Toda historia, incluso onírica, tiene un final. Sus escapadas nocturnas a ese lugar entre el REM y la vigilia dejaron de producirse poco antes de morir, cuando decidió mudarse a Oregón. “McGregor me dijo que no había dormido mejor en toda su vida que entonces”, explicó Milstein. “Creo que aunque no lo hubiese dicho nunca, sufría mucha ansiedad que liberaba en sus sueños y cuando empezó a sentirse feliz perdió la habilidad”, se aventuró Venright.
El enigma de cómo un hombre pudo hablar en sueños con tanta lucidez e imaginación sigue llamando la atención de investigadores como la psicóloga de Harvard Drieder Barret, que ha analizado 500 diarios de sueños recogidos en la misma época en la que vivió McGregor y cotejados con las grabaciones de los discos. Barret cree que su extraña somniloquía se debía a que durante la fase REM, que llega 90 minutos después de que nos durmamos, algunas áreas de su cerebro todavía seguían activas, lo que provocaba en él una ligera consciencia.

No obstante, hay algo que sigue sin comprender y es que los sueños del compositor eran mucho más lógicos que los de cualquier soñante medio, aunque introdujese elementos fantásticos, como las sirenas y los centauros, e incluso intentase aparearlos… como en el siguiente fragmento: “¡Oh! Este no completa mi colección en absoluto. No, déjame ver… Tengo un fénix, un terodáctilo y una roca. Sí, el unicornio… Y la sirena no cuenta porque está en la piscina. Si nunca sale de allí, voy a aparearla con el centauro. ¡Sí! Si no lo hago se extinguirán”.
¿Era solo una cuestión cerebral, un REM que no acaba de despegarse de la vigilia, o tenía Dion McGregor una imaginación fuera de lo común? De cualquier manera, quién no querría visitar los lugares en los que este extraordinario somnílocuo vivía cuando cerraba los ojos…