Han Kang narra en ‘La Vegetariana’ el desarme vital y la violencia familiar que rodea a una mujer decidida a anular su ser y convertirse en planta.

 

La teoría de catástrofes viene a decir que el cambio continuo de una variable induce a cambios abruptos en la trayectoria temporal de otras variables. Este podría ser el resumen de La Vegetariana, la estupenda novela de Han Kang (Seúl, 1956) en la que la anodina protagonista decide realizar unos cambios personales que desestabilizan todo su entorno hasta alcanzar extremos inesperados.

La novela publicada por :Rata_ y ganadora del Man Booker International empieza con la transformación que sufre una aburrida pareja surcoreana cuando unos sueños empujan a Yeonghye a volverse vegetariana y, por pura inercia, también a su marido en las comidas que realiza en casa. Este acto pasivo y sin demasiadas consecuencias para los que le rodean causa incomodidad en el rígido entorno familiar y social. Ella es una persona inofensiva y retraída, cuando Kang la define habla del tiempo que pasa leyendo sola en su habitación, pero la suma de los pequeños virajes personales que realiza acaba por provocar una violenta tensión a su alrededor.

La vegetariana es una novela contundente, que se lee en un par de tirones y está dividida en tres capítulos. Cada uno de ellos se narra desde el punto de vista de un familiar de Yeonghye, no hay una entrada al interior de la protagonista, solo quedan sus actos y los leves comentarios que hace. El primer tramo, cuando comienza el desarme vital, es el más atractivo y se vive desde la perspectiva de su marido: testigo inane y carente de voluntad que aparte de sentirse incómodo parece incapaz de controlar la caída en desgracia que se genera en el primer enfrentamiento físico de sus suegros con Yeonghye.

Lo más interesante de esta novela es el equilibrio que se realiza en la cuestión de la violencia. Yeonghye decide anular cualquier acto violento en su vida, no provocar la muerte de animales, no responder a la agresividad humana, anular su ser y transformarse en planta, pero al despojar de violencia su persona, esta se traslada y responde -hacia ella u otras personas- desde el ámbito que la rodea. Hay agresiones, violaciones, sangre, detenciones… El equilibrio queda desmantelado y las catástrofes arruinan las vidas de los protagonistas.

Vía Ekaitz Ortega