En una cultura obsesionada con la delgadez, tenemos que romper con la idea de que sólo existe un tipo de belleza. Yo lucho cada día contra mi propia gordofobia

 

Quiero que sepas que te escucho, te veo y siento eso que tú sientes cuando todos insisten en recordarte que estás gorda. Sé que hay personas a quienes no les incumbe y opinan sobre tu cuerpo. Sé que los comentarios que más duelen son los de tus seres más queridos. Creen que te ayudan cuando te dicen que estás gorda o que te pongas a dieta. No se dan cuenta que te hacen daño con su gordofobia. Pero, sobretodo, no hace falta que te lo recuerden porque tú ya lo sabes.

Sufro mucho cuando miro mi cuerpo desnudo. Sufro porque siento que es inadecuado y, por lo tanto, que valgo menos como persona. Desde que tengo memoria se me ha adoctrinado que la mujer debe ser bella, fina, delgada y eternamente joven. Aprendí muy temprano que en este mundo occidental ser gorda es un crimen. La gordofobia está interiorizada en muchos de nosotros, es un mensaje que nos rodea, que nos abruma. La obsesión por la belleza enseña que como mujer no puedes envejecer, tu piel debe ser tersa y libre de acné, tu cabello tiene que ser luminoso, el culo sin estrías ni celulitis y tus pechos erectos y perfectamente redondos. Sin mencionar que una raza, la caucásica, siempre se ha antepuesto como el ideal sobre todas las demás.

 “Mi familia, mis compañeros de clase y gente desconocida me recordaban de manera constante que era gorda y grande”

Muchas mujeres,  bajo la influencia de este prototipo de belleza occidental, están obsesionadas con la delgadez extrema e inconscientemente rechazan a los cuerpos que son diferentes. En verano se publicó  una noticia que “informaba” de que Rihanna había engordado. Varias plataformas publicaron el cotilleo y en los medios norteamericanos hubo varios ejemplos de gordofobia. ¿Acaso no hay noticias más importantes que esta? Si, por supuesto, pero es bastante indicativo de que vivimos en una sociedad enferma cuando los medios consideran el tema digno de publicar y cuando tantas personas se dedican a comentarlo. Pongo este ejemplo, aunque hay bastantes, para demostrar que las mujeres en cualquier industria no son valoradas por su trabajo, su inteligencia o sus capacidades, sino por su apariencia física. Y si el físico no evoca el ideal, entonces hay que analizar y juzgar ese cuerpo como una amenaza a la “belleza”.

Andrea 17 años, 55 kilos

Andrea 17 años, 55 kilos

Antes de aprender cómo funcionaba mi cuerpo, aprendí que era inadecuado. Mi familia, mis compañeros de clase y gente desconocida me recordaban de manera constante que era gorda y grande. La gordofobia, desde mi experiencia, no es novedad. La gente asumía que era gorda porque seguramente comía demasiado y no hacía deporte. Ese no era el caso, porque jugaba al tenis, además de practicar ballet y danza contemporánea. En casa me alimentaban con productos frescos, verduras, y frutas. Uno puede tener sobrepeso y no por eso no ser una persona saludable.

Mi “gordura” no era mi culpa, aunque eso es lo que sentí. Cuando somos niños tenemos una gran capacidad de aprendizaje y asimilamos con rapidez lo que se espera de nosotros. No es extraño entonces que la edad de inicio en la anorexia nerviosa se sitúe entre los 13 y los 18 años, y se están encontrando más casos tanto en niñas como en mujeres adultas. De pequeña los médicos insistían en que tenía sobrepeso y debía adelgazar; me comparaban con otras niñas de mi edad, aunque mi constitución fuera diferente.

De acuerdo al Instituto Médico Europeo de la Obesidad,  el 5% de los jóvenes en España entre 12 y 18 años de edad sufren algún tipo de trastorno alimentario. Además, el 11%, en la misma franja de edad, se encuentra en riesgo de padecer alguno de los trastornos.” Los trastornos de conducta alimentaria están vinculados de forma rotunda al sexo femenino y a la adolescencia“, reporta Adeslas. Y según otros estudios realizados en España, sólo entre el  5 y 10 por ciento de los afectados son hombres y en estos se da con más frecuencia la bulimia o el síndrome por atracón que la anorexia nerviosa.

Andrea 19 años, 50 kilos

Andrea 19 años, 50 kilos

Llegó un momento en el que ya no soportaba los desprecios. A los 14 años empecé a hacer dietas extremas. A los 15  purgaba lo que comía y un tiempo después, dejé de comer. Cuando me obligaban a hacerlo, vomitaba o me atiborraba de laxantes y tés, aparte de hacer ejercicio constantemente. Cuando empecé a adelgazar, a pesar de que me torturaba y me hacía daño, las personas me felicitaban: ¡Qué bien que por fin te has puesto a dieta!, ¡te ves estupenda!, !ya era hora de que adelgazaras!

Sentía que estaba siendo observada constantemente bajo un microscopio. Curiosamente, noté que los chicos empezaron a invitarme a salir y elogiaban mi apariencia. Esto confirmó mi idea de que los hombres no se interesan en las mujeres “gordas” y que si lo eres no mereces atención y mucho menos amor. La obsesión con los cuerpos perfectos tiene un impacto profundo y negativo en el autoestima de las personas. Aún tengo que superar este miedo a la gordura. ¿Cómo puedo enfocarme en otras cosas si la preocupación por adelgazar me absorbe?

“Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con su belleza, sino con su obediencia” —Naomi Wolf.

Hasta los 25 años, batallé contra la anorexia y la bulimia. Al utilizar herramientas como la calculadora de índice corporal obtengo resultados alarmantes. Al poner mi estatura de 168 cm y agregar 48 kilos, el menor peso que tuve cuando sufría de anorexia, el sistema me dice que tengo “delgadez aceptable”. Cuando pesaba 48 kilos estaba en los huesos, tenía pocas fuerzas, se me caía el pelo y no me bajaba la regla. La calculadora simplemente toma en cuenta tu estatura y tu edad. No hay otros factores que se consideren.

Andrea 21 años, 48 kilos

Andrea 21 años, 48 kilos

Durante esta época, estuve hospitalizada repetidas veces. Mi cuerpo no podía resistir tanto maltrato, no soportó que le diera unas míseras calorías al día mientras al mismo tiempo trabajaba, estudiaba y practicaba deporte. Realmente creía que tenía más valor como persona si mantenía mi delgadez. Un médico me dijo que podía morirme, pero no me importó. La mortalidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) es la más alta entre las detectadas por trastornos psiquiátricos. A pesar de las advertencias, el miedo a engordar y la idea de “perder el control” sobre tu cuerpo domina a las personas con TCA.

Belleza y dominación masculina

La gordofobia está tan presente en nuestros diálogos que no nos damos cuenta de cuánto lastimamos a los demás con nuestros comentarios. Justamente hace poco dos amigas muy cercanas me hicieron daño con sus palabras y sin saberlo. Ambas en distintas circunstancias me dijeron que me pusiera a dieta. En el transcurso de mi vida he escuchado consejos sobre lo que tengo y no tengo que hacer con mi cuerpo. Quizás es inevitable que busque la aprobación de los otros. No es que no quiera adelgazar, en realidad me cuesta mucho trabajo. Que mis amigas hagan este tipo de comentarios es un indicador del miedo a la “gordura”, aunque sea en cuerpo ajeno.

Tengo hipotiroidismo, llevo muchos años con tratamiento y mi metabolismo es lento. Si expreso preocupación por subir de peso más allá de la vanidad, existe un temor latente a no tener control sobre mi cuerpo. Por más que haga dieta y ejercicios, no puedo bajar de peso fácilmente. Mi cuerpo es este y si bien tengo que cuidar mi salud, ¿debo sentirme menos por llevar tallas más grandes? Aprovecho para señalar que hay muchas mujeres (y hombres) con distintos metabolismos e incluso enfermedades que influyen en su capacidad de perder o ganar peso. Por ejemplo, el síndrome de ovario poliquístico provoca grandes cambios en la mujer a causa de un desajuste hormonal. ¿Por qué seguimos juzgando a alguien por su apariencia? ¿Es una persona delgada realmente más saludable?

La sufragista estadounidense Lucy Stone dijo en 1885: “De qué me sirve tener el derecho al voto, tener propiedades, etcétera, si no puedo ejercer un derecho absoluto sobre mi cuerpo y sus usos.” Los patrones de belleza no son los mismos en todas partes ni en todas las épocas; Lucy Stone ya hablaba de esto hace tres siglos. Los ideales van cambiando, pero hay algo que no cambia: la exigencia de cumplir con los patrones. En la campaña electoral de Hillary Clinton se habló más en los medios de su apariencia que de su capacidad para liderar un país. Naomi Wolf, autora de ‘El Mito de la Belleza’, explica que la economía está determinada por la política y que en el mundo occidental el comercio que se hace con la belleza es un sistema que mantiene intacta la dominación masculina.

Vivimos a través de las redes sociales y buscamos aprobación constantemente.

Otra escritora especializada en trastornos alimentarios es Judith Rodin. En su libro, ‘Como dejar de preocuparse por la propia apariencia física’, la escritora detalla que nuestra obsesión por cuerpos perfectos y la apariencia en general están asentadas en la creencia de que nuestro valor como persona depende de nuestra apariencia. Rodin dice: “Nuestros cuerpos se han convertido en la nueva moneda. La apariencia, el buen aspecto y la forma física son ahora la medida de nuestro valor social.” El libro de Rodin se publicó en 1993, quizás hoy sus palabras son aún más ciertas. Vivimos a través de las redes sociales y buscamos aprobación constantemente.

En España también se han publicado libros:  ‘Tu cuerpo es tuyo’ (1997) de Almudena Albi Parra y ‘La tiranía de la belleza’ (2000) de Lourdes Fernández-Ventura sobre la belleza como un sistema de dominio sobre las personas. Aunque exista este discurso crítico sobre el culto a la belleza, hay mucho por hacer. La gordofobia es un síntoma de nuestra época que está acompañado por el temor a envejecer. Estamos en el año 2017 y es increíble que textos de hace 20 años o más sean tan relevantes como cuando fueron publicados.

Las campañas de body positivity no existen para promover la obesidad o los malos hábitos alimenticios, como algunas personas opinan. Existen porque tenemos que romper con la idea de que hay un sólo tipo de belleza, tenemos que terminar con la gordofobia. Debemos acabar con el miedo a la vejez y dejar de idolatrar un tipo de belleza que no es inclusivo. Hay belleza en la diversidad. En cuanto a mi respecta, ahora, con bastantes más kilos que hace 10 años, lucho contra mi propia gordofobia.

Andrea 32 años, 78 kilos

Andrea 32 años, 78 kilos