Muerte en la Alcarria es el debut en el cine del dúo ‘jotabilly’, un western musical por una Castilla imaginaria.

 

Dos hombres solitarios en travesía interminable por carreteras y campos baldíos; ni una cabra en los montes, ni un triste hortelano enjugándose el sudor de la frente se cruzan en su camino. No cargan rifles ni montan a caballo, aunque estos John Wayne alcarreños bien podrían noquear a cualquier salteador de caminos mandolina y guitarra en mano. Este es el salvaje oeste de Los Hermanos Cubero, que debutan en el cine de la mano del director Fernando Pomares.

Con ellos nos fuimos de pintas para celebrar que ‘La Muerte en la Alcarria’ se estrenó con éxito en el London Spanish Film Festival y la conversación derivó por carreteras secundarias, pantanos filosóficos y buena música. En el tiempo que nos pedimos otra pinta, en Black Horse, cómo no, os contamos cómo fue la conversación…

19.15h. En el Black Horse

Fernando Pomares, director de cine de verborrea frenética e ingenio afilado, llega al bar y se pasa de largo; vuelve a cruzar despistado un par de veces. Al menos eso nos contó una vez dimos con el Pomares bueno, tras un buen rato de jugar al ‘Quién es quién’ con la clientela del Black Horse (“¿Lleva gafas? ¿Tiene barba? Es Bill…”).

Una media hora más tarde llegan ellos: patillas, sombrero vaquero y gafas de pasta. Fernando y el fotógrafo se levantan a saludar. Los hubiera reconocido de todos modos: El inconfundible estilo de los Hermanos Cubero.

Dejo la grabadora en la mesa como si lanzase una carta de póquer.

–¿De qué va la película? –pregunto. Porque el tráiler es tan enigmático, la película en sí lo es también, que incluso para incluirla en una categoría hay divergencia de opiniones: western musical, se ha dicho; también documental musical y road movie musical… Poner etiquetas al universo de los Cubero, y creo que incluso al del propio Fernando Pomares, es un ejercicio de libertad creativa.

–Eso se puede preguntar? –dice Quique.

–Hombre, sin hacer ‘spoiler’.  De asesinatos seguro que no va…

–¡Es el mayordomo! –bromea Roberto.

Presiento que, como mínimo, necesitaremos dos rondas más hasta que lleguemos a hilvanar algo parecido a un argumento.

Fernando acude en nuestro rescate solo a medias.

– ‘La Muerte en La Alcarria’ es un viaje de dos hermanos y su música a través de una Alcarria imaginaria donde ya no queda nada.

–¿Cómo la Alcarria de Cela?

–No, hombre. La de Cela estaba viva y esta está muerta. Por ejemplo, cuando la proyectamos en París una señora nos preguntó si la habíamos rodado en Chernóbil porque no había ni un animal.

¿Apocalíptica? No, por dios

Quería rodar la película en invierno para que los campos estuviesen vacíos y evitar el calor y el sonido de las odiosas chicharras, pero, como el cielo nunca se encapota aquí ,todo el que la ve piensa que ‘La Muerte en La Alcarria’ se grabó en verano.

Fernando Pomares recuerda que un 29 de diciembre a las cinco de la tarde un equipo de siete personas, incluyendo a los protagonistas, llegó a un pueblo de unos 80 o 100 habitantes que parecía literalmente abandonado para grabar escenas del filme. “No había ni un alma en las calles y todas las ventanas y las puertas estaban cerradas a cal y canto… Ni Producción lo hubiese hecho mejor”.

–Porque es una Alcarria apocalíptica, ¿no? Respira desolación.

–¡No, por dios! Yo la Apocalipsis la imagino con joteros zombi corriendo por ahí y castillos con humo.

–¡Ah! Pues esa peli también molaría…

Aunque los muertos vivientes no toquen en directo. Y es que una de las particularidades de la película es que cada una de las canciones fue grabada in situ, e incluso los fans del dúo podrán escuchar un tema inédito. Mientras que los otros sonidos ambientes fueron creados en el estudio porque “el barbecho pisado por los Cubero no suena a barbecho…”, sostiene Pomares. Y digo yo: ¿Entonces a qué suena? Pero no nos desviemos de la ruta…

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En el coche de San Fernando

“Los Hermanos Cubero caminan por aquí; los Hermanos Cubero reman por allá, suben una montaña….”. Con un guión muy físico donde el universo que evocan las canciones dialoga con ese otro espacio, yermo y desolado, por el que transitan los protagonistas, Fernando Pomares aborda una historia de nostalgia “hacia un lugar al que sabes que ya no puedes volver”.

Algo que no es ajeno a Los Cubero, que cantan a su Alcarria natal desde Barcelona, una ciudad, por cierto, muy poco jotera: “Muchas de nuestras canciones se basan en la idea y el recuerdo que desde aquí tenemos de Guadalajara. Cuando nos fuimos de allí no sentía esa nostalgia, ese afán por la Alcarria recordada, que sabemos que ya no existe, porque es un ideal”.

La charla me hace pensar en los 20.000 españoles que viven en Londres y los fines de semana se desplazan al mercado de Candem Town para comer paella o en una conocida catalana expatriada en Nueva York que cada viernes por la noche se reúne con otros españoles en un tablao flamenco de la City… La distancia nos imbuye de un nuevo sentimiento patriótico, mientras que, contradictoriamente, palabras como “patria” o “popular” dibujan en nuestra mente a personajillos con bigote que firman sentencias de muerte comiendo chocolate con churros.

Al pueblo lo que es del pueblo

Es una pregunta obligada en cada concierto de estos hermanos músicos: “¿Hay algún fan de Agapito Marazuela entre el público?”. Y aunque pueda resultar chistoso en apariencia, todos deberíamos serlo, porque este musicólogo, folclorista y dulzainero español, que fue perseguido y encarcelado durante el Franquismo, recorrió los pueblos de Castilla durante los años 50 y 60 para recopilar la música tradicional castellana, que amenazaba con desaparecer sepultada y anónima, como muchas víctimas de la dictadura.

Los Cubero consideran a Marazuela un referente. Ellos también pretenden devolver la dignidad a la música tradicional, reducida durante décadas a pasodobles y castañuelas: “La música popular está viva y es la música del pueblo, no de la Sección Femenina”, señala Quique Cubero.

La mezcla de jota castellana y bluegrass pantanoso de este dúo “jotabilly” es la mejor prueba de ello. En su repertorio se entrelazan canciones folclóricas con temas más actuales, como el éxodo rural o los ‘modernillos’ de Madrid.

–Eso ya no es tan moderno –les pico.

–Bueno, ¿y qué es moderno? Quique escribió una canción sobre el nacimiento de su hija; eso es moderno… –contesta Roberto, e intuyo que de seguir insistiendo acabaremos hablando de teoría de cuerdas.

Afortunadamente, Fernando Pomares, como buen cineasta, sabe cómo crear un clímax apropiado para esta historia:

–Estamos viviendo tiempos más violentos de los habitual….

                                                           Existe un mundo que está desapareciendo.

La forma en que nos relacionamos con los familiares, la vida de los pueblos, de la gente; una anulación cultural de nuestras propias raíces que veremos en directo.

Pero Los Cubero se enfrentan a ese mundo globalizado y veloz transmitiendo algo diferente…

Sincero

Espiritual

Político

A Fernando la música de Los Cubero le recuerda a los westerns de John Ford, esas imágenes románticas de los soldados llorando y volviendo a casa. Por ello, tal vez, ‘La Muerte en La Alcarria’ destila un romanticismo fordiano. Aunque también haya quien haga paralelismos con el estilo de Sam Peckinpah o, más recientemente, Jim Jarmusch.

Viaje (con nosotros) a los orígenes

Como ‘La Muerte en La Alcarria’ es un viaje a las raíces, nosotros hemos querido hacer también el recorrido inverso y les preguntamos a ellos: ¿Qué fue antes el country o la jota? “Lo que conocimos primero fue la jota. Cuando descubrimos el bluegrass lo que hicimos fue intentar tocar esas mismas canciones con los ‘cachos’ de notas que sabíamos. Así que empezamos a tocar de forma simultánea. Todo muy natural…”, me cuenta Quique.

¿Pueden imaginar a estos hermanos cantando en inglés? Pues lo hicieron durante un tiempo. A mí me cuesta hacerlo, de igual forma que uno no fantasea con un Paco Ibáñez reconvertido a Sinatra. Será que su música es tan Cubero que no hay otra forma mejor que el castellano para expresar su forma de cantarle al mundo. “Queríamos hacer algo más honesto y contar las experiencias que traemos a la espalda utilizando nuestra lengua materna”.

Y esta es una de las claves del éxito de Los Hermanos Cubero, la naturalidad con la que admiten que hacen lo que hacen porque “les sale”, la no existencia de fórmulas ni pretensiones mercantilistas. El disparadero les llegó en el año 2010, cuando ganaron el Premio de Nueva Creación de Folclore ‘Agapito Marazuela’ (cómo no) y desde entonces el número de seguidores ha ido en aumento, como la onda expansiva de un explosivo de fabricación casera: “Si hubieran querido entrar de golpe a ganarse la vida con la música, no lo hubiesen conseguido”, sostiene Pomares.

Los Cubero son al mercado lo que el Delorean a los parquímetros, por eso se han auto editado la mayoría de sus discos. Este mes de diciembre grabarán su último trabajo, en el que, según Roberto Cubero, hay mucho más compromiso social, sin ser panfletario: “Siempre hemos querido hacer algo así, pero llenábamos la papelera con canciones inacabadas que no nos gustaban. En este disco hemos sido capaces de conjugar la parte más bucólica y poética con algo más terrenal”.

Tomas falsas de la entrevista

A continuación, ese tipo de preguntas que un servidor adora hacer cuando se sale de cañas y la cosa se va de madre:

Entrevistador “ingenioso”: Si vuestra carrera fuese un tipo de vía, ¿de que tipo sería?

H Cubero: Una carretera comarcal, muy pequeñita, un camino vecinal lleno de agujeros como los de la película, pero es nuestro camino vecinal.

Entrevistador “más ingenioso todavía”: ¿La ruta 66 de España sería la N-2?

H. Cubero: No, la buena es la N-IV, la que iba a Andalucía, creo. Cuando todavía no había autovía y pasaba por Despeñaperros.

Entrevistador que se cruza la mediana de la conversación: Dijo John Ford que era más difícil que un cowboy se convierta en actor que al contrario. ¿’La ‘Muerte en La Alcarria’ es el principio de una carrera actoral de los Hermanos Cubero?

 

Aquí tenéis el tráiler de su extraño viaje…