Tres entrevistas sobre Detectives de lo Oculto y varias teorías de los géneros literarios no muertos

Psicogeografía, teorías sobre la policía en nuestro subconsciente, ‘arte termita’ y desvaríos varios que espero resolváis alrededor del fenómeno de la producción literaria vinculada con detectives de lo oculto castizos. Hiperlocalismo esotérico ibérico que parece no tener tirada, ¿o sí? Y a continuación -y es que no soy más que un telonero-, la opinión de tres escritores al respecto: Roberto Bartual, Alberto López Aroca y Juan García Rodenas.

Supongo que para finalizar, antes que hablen los autores por sí mismo, podría tratar de señalar algunas de las particularidades que comparten todas estas aventuras de detectives castizos, trataré de apuntalar tres o cuatro ideas sin resultar demasiado extenso ni académico. Lo más noticiable a simple vista es la mencionada adaptación a terrenos y personales locales. Hay que imaginarse los géneros literarios como un ser vivo sujeto a constante evolución, mutable en función del “aire del tiempo”. Creo que podría hacerse una historia de cada subgénero literario desde el punto de vista colonial, señalando por ejemplo el modo en que la ficción inglesa se convirtió en el referente de la vanguardia de algunos países europeos -como nosotros-, y la posterior reapropiación en la literatura local, hasta el punto de emanciparse y actuar autonómamente. En el fondo es un ciclo de las narraciones que se repite desde la antigüedad, cuando invasores imponían sus credos y, siglos más tarde, deformados, formaban parte esencial y autónoma de la cultura local. Sucede lo mismo en la música y en otras artes. Recientemente se ha hecho más noticiable en la literatura vinculada a los mitos de Cthulhu, de la que también surgen adaptaciones locales por todo el territorio. Algo similar pasa en otros países pero con otros géneros, con la particularidad que por aquí siempre ha habido material con el que alimentar las narraciones ocultistas, mientras que en otros lares estas historias han pertenecido siempre al ámbito de la más estricta herejía; o se han vuelto a popularizar, como los honkaku japoneses.

Esta reapropiación del terreno como parte de un proceso más grande de reconquistas temáticas implica, de primeras, un importante cambio en la narración. La denominada estrategia narrativa de los purple patches (purpureus pannus) pasa a ocupar un eje central, cuando no se convierte en otro protagonista. Se le llama así a los pasajes descriptivos que interrumpen la narración, dándole aire al texto, ocupando las funciones escenográficas del teatro. En este modelo tienen una función casi psicogeográfica, desvelando las relaciones de sus autores con el terreno y el modo de pensarlo, como lo que hiciera Alan Moore o Iain Sinclair con Londres -ya tocaba mencionar a Moore, ¿qué es un artículo de lo oculto que no menciona a este pseudomago en algún momento?-, sólo que sin ser tan ensayísticos o abiertamente explícitos, dejando que todas esas reflexiones ocuparan el lugar de lo descriptivo, como otro personaje más. Ni que decir que el Inspector Serrano es el protagonista de las historias de Rodenas pero mucho más, y creo que es el encanto para algunos de sus lectores, lo es la espectral Albacete.

“Psicodetectives como Cooper en ‘Twin Peaks’ permiten correr el velo de la realidad para dejarnos observar un mundo simbólico que, en mi opinión, es más real que la realidad misma” – Roberto Bartual

Otro elemento a destacar es el de los detectives provenientes del ámbito policial. También podría hacerse una historia de los arquetipos policiales en España, desde la influencia de la policía franquista y su cruel represión e impunidad, hasta la representación de la burocracia o la policía autonómica en el imaginario popular. Simplemente, visto lo visto en lo que respecta a gestión de las fuerzas del Estado, creo que no es de extrañar que entre nuestros detectives, más que educados burgueses con pasiones coleccionistas, haya rudos maderos con métodos expeditivos y oscuros vicios. También, a efectos coloniales, habría que ver la influencia del boom de novela negra en este aspecto. Me parece curioso comentar que el filósofo comunista y teórico literario Ernst Bloch clasificaba la literatura de misterio como pornográfica, en el sentido que dejaba al descubierto los resortes internos de la intriga que componen toda narración. A este respecto los detectives de lo oculto serían la pornografía de la pornografía, pues si la narración avanza en el sentido de desvelar los resortes del primer misterio, lo hace para emplazar a continuación la duda de misterios y resortes todavía más grandes, en una espiral de preguntas y dudas sobre el tejido de la realidad.

En la literatura comparada suele llamársele “arte termita” a densas producciones artísticas al margen de la mercadotécnia capitalista, como podría serlo el caso de poetas con trayectorias literarias de plaquettes y pequeñas tiradas que, ya muertos, encuentran aceptación académica con la publicación de antologías en prestigiosas editoriales. O la obra de raperos que tras veinte años de centenares de maquetas sin apenas feedback, logran el status de legendarios. En el caso de los detectives de lo oculto, la época dorada ya quedó atrás. ¿Cómo denominar a esta clase de arte termita cuando se produce después de su cenit? Puede que haya un término apropiado, llevo días buscándolo y no lo encuentro, tal vez sea solucionable por vosotros en los comentarios, pero hasta entonces se me ha ocurrido que podríamos hablar de literatura no-muerta, en el sentido de que en realidad sigue bien viva, aunque no lo parezca al tomarle el puso, pero que es capaz de dar mordiscos de calidad. No creo que estemos ante los estertores de agonía del género, más bien creo que seguirá dando que hablar en círculos especializados, y que tarde o temprano encontrará una vacuna, tal vez un editor que quiera recuperar todos estos detectives locales más motivado por la calidad que la comercialidad, en una gran antología de detectives castizos que me parece necesaria. Hasta entonces aquí os dejo con algunas de las respuestas que he recopilado para informarme en este artículo. Pertenecen a Roberto Bartual (actor y guionista de cómics, con la lisérgica ‘Blitzkrieg!’, ed. Cerbero, 2018), quien actualmente está trabajando en una historia de este subgénero, para que veáis lo vivo que está, y a los ya mencionados Alberto López Aroca y Juan García Rodenas.

 

AK: ¿Hasta qué punto considerabas necesaria o urgente la adaptación de la figura de los detectives sobrenaturales a tu zona geográfica?

Roberto Bartual: Supongo que el término “psicodetective” es bastante amplio; es decir, podría abarcar desde cualquier investigador que usa métodos irracionales o mágicos para resolver casos convencionales o aparentemente convencionales (por ejemplo, el Cooper de Twin Peaks) a investigadores con poderes o habilidades mágicas que se encargan de resolver casos también paranormales (el John Constantine de Alan Moore). Yo creo que ambos son figuras bastante interesantes porque permiten introducir lo irreal y lo simbólico en espacios esencialmente realistas: correr el velo de la realidad para permitirnos observar un mundo simbólico que, en mi opinión, es más real que la realidad misma. O introducir el rollo psicogeográfico. Creo que esto es muy enriquecedor a la hora de representar literariamente ciudades de importante trasfondo esotérico como Madrid, Barcelona, Londres…

AK: ¿Cómo ha cambiado tu relación con el entorno el haber escrito esas historias?

RB: Estoy escribiendo una historia de este tipo, pero está centrada exclusivamente en el mundo de los espíritus (lo que aquí llamamos fantasmas). En ese sentido no ha cambiado mi relación con Madrid en absoluto ya que es una ciudad con centenares de historias de este tipo y muy bien documentadas: para mí forman parte de la historia ordinaria de la ciudad. Ya traté algunas de estas historias en una novela gráfica que guionicé, “Los Ángeles de María”, aunque desde un punto de vista que no exactamente el del psicodetective, sino más bien el del superhéroe.

AK: ¿Cuáles fueron tus influencias?

RB: Paloma Navarrete y el Padre José María Pilón son mis únicas influencias que son o fueron psicodetectives reales (es un decir). Bueno, ellos y las teorías espíritas de Allan Kardec.

AK: ¿Hasta que punto considerabas necesaria o urgente la adaptación de la figura de los detectives sobrenaturales a tu zona geográfica?

Juan García Rodenas: Ni necesaria ni urgente, para mí era lo natural remitirme a una zona con la que estuviera familiarizado por aquello de dotar a la narración de la mayor verosimilitud posible. De haber vivido en Valencia, Barcelona o Madrid, habrían sido estas las ciudades en las que transcurriría la acción. La ciudad, sus entresijos, sus gentes, son un personaje más en las historias de detectives (se ocupen de lo sobrenatural o no), y por ello, para darle autenticidad, lo mejor (y más fácil) es recurrir a una que conozco bien.
En mi caso, nunca se trató de hacer proselitismo ni reivindicar nada. Cojo lo que tengo más a mano, como creo que han hecho otros más listos que yo antes.

AK: ¿Cómo ha cambiado tu relación con el entorno el haber escrito esas historias?

JGR: Digamos que me ha dado perspectiva. Ya te digo que la ciudad es un personaje más, y como tal, a la hora de investigar sus antecedentes, como a cualquier persona, cuando la miras muy de cerca, ves que esconde un monstruo en su interior, y claro, ya no la ves de la misma manera.
A poco que investigas su pasado urbanístico deduces los chanchullos, los pelotazos que tuvo que haber para que los barrios sean ahora como son, quién movía el dinero (y quién lo ha heredado), quién se ha lucrado con qué. Descubres lo sórdido de tu ciudad, las cosas que no aparecen en la prensa (salvo, acaso, cuando se celebra algún juicio), las cosas terribles que te cuentan los mayores que pasó en tal o cual sitio (aquí un loco mató a una pareja…, aquí había un prostíbulo que era de la policía, etc.).
Luego, está la parte “sobrenatural”, que también la hay. La casa con fantasmas, los ummitas de Albacete, la marquesa de la mano cortada, etc. Supongo que todas las ciudades y pueblos tienen sus leyendas negras, así que tienes un montón de material con el que trabajar.
En resumen, ves la ciudad como una realidad con múltiples facetas, con muchos matices, como a cualquier persona, en realidad.

AK: ¿Consideras que no hay lectores para este subgénero? ¿Que las editoriales no saben moverlo? ¿Que ha muerto?

JGR: Lectores hay, yo los he visto. Hoy por hoy se venden títulos de fantasía urbana, new weird, bizarro…, etiquetas donde encajaría cualquier detective de lo oculto actual, así que creo que lectores hay. Ningún género está muerto mientras se siga vendiendo y leyendo.
En cuanto a las editoriales, no hago más que señalar lo obvio si digo que lo que quieren es vender libros. Cuantos más mejor. Por eso sacan lo de siempre y con una cara famosa en la contraportada. Si Javier Sierra o Christian Gálvez, por citar dos autores populares con contrato en editoriales grandes, sacaran mañana una novela con detective de lo paranormal, no tendrían ningún problema en promocionar, publicar y vender este subgénero, y como pasa ahora, se hincharían a reimprimir tiradas. Claro que entonces parecerá que han inventado la cocacola.

AK: Como editor de un número especial de Ulthar dedicado a los detectives de lo oculto, ¿cuál dirías que es el nivel de vitalidad de este subgénero? ¿Tuvo su auge y ahora agoniza o sigue vivo entre los lectores especializados como sucede con los mitos de Cthulhu?

Alberto López Aroca: Interesante la pregunta por cómo la planteas, pues opinas que los mitos de Cthulhu “siguen vivos” tan sólo entre “lectores especializados”, cosa con la que no puedo estar de acuerdo. La obra de Lovecraft es ya universal, está traducida a casi todos los idiomas imaginables, y no la leen sólo lectores aficionados al terror, sino cualquiera: Lovecraft es parte de la cultural popular, en el sentido más extenso de la expresión: ¡existe un Necronomicón de peluche, por Cthulhu! Respecto a los derivados, pastiches, continuadores, imitadores, seguidores y críticos de Lovecraft, ahora hay muchos más ahora que en los años en que August Derleth se dedicó a editar sus propias continuaciones y las de otros autores. Aunque desde la crítica siga intentando defenestrar a Lovecraft tanto en lo personal como en lo literario (y no es cosa nueva, pues ya lo hizo L. Sprague de Camp en su célebre biografía del de Providence en los 70), me temo que los mitos de Cthulhu están ya muy por encima de todos esos cuestionamientos, pues la influencia de Lovecraft —no sólo en la literatura, sino en todas las disciplinas relacionadas con narrar ficciones— debería resultar más que evidente. Y voy a añadir una opinión personal: la visión irónica (postmoderna, un tanto jocosa y despreciativa) sobre la obra de Lovecraft no funciona a nivel literario.
Respecto a los “detectives de lo oculto”: es un subgénero híbrido que aúna el fantástico (en su más amplia acepción) con el policial o detectivesco (en sus más amplias acepciones). Si los “Occult Doctors” derivan de algún género es de este último, que a fin de cuentas es más reciente que el fantástico. Y yo diría que el subgénero sigue muy vigente: en televisión no es difícil encontrarse con ejemplos de melodramas policiales, producidos y emitidos hoy, que se adentran en terrenos sobrenaturales (en muchos casos, son derivados del Twin Peaks de Lynch, una serie que tiene cierto aire y conexiones lovecraftianas, por cierto; y el agente Dale Cooper es, indudablemente, un Occult Doctor). En literatura sucede exactamente lo mismo, pero a lo bestia: se está produciendo tanto en tantas editoriales, sellos independientes y autoediciones “amazónicas” que es casi imposible llevar un registro actualizado de todas esas obras, cotejarlas y comprobar qué es qué. (Y esto, sólo en caso de que sea importante que exista un registro de ficciones relacionadas con el tema que nos ocupa).

AK: ¿Hasta que punto considerabas necesaria o urgente la adaptación de la figura de los detectives sobrenaturales a tu zona geográfica? ¿Cómo cambia tu relación con el entorno al leer adaptaciones psicogeográficas e hiperlocales?

ALA: Por la parte que a mí me toca como autor, en su momento (te hablo de principios de la década de 1990) me parecía importantísimo demostrar de forma empírica que Albacete y, por extensión, toda España, podía ser escenario de historias creíbles, o consecuentes, o al menos “no ridículas”, dentro de un subgénero eminentemente anglosajón. Es decir: por entonces, daba la sensación de que un relato fantástico requería una ambientación “exótica”, anglosajona, es decir, que La Mancha y su llano no podía albergar al monstruo lovecraftiano de turno, y que un vampiro en Albacete no llegaría ni a chiste fácil. Pero en realidad, cualquier región de España posee tradición de ficciones, como mínimo orales, que entroncan con el género fantástico: aquí hemos tenido brujas y hombres lobo y duendes y algún que otro vampiro y extraterrestres (recordemos el caso de Ummo y la Marquesa de la Mano Cortada), y cualquier grupo de chavales nacido en los 70, hizo sus pinitos en el terreno del espiritismo (con la oui-ja, con el libro y las tijeras…) Y, como mantengo en el artículo, incluso tenemos algún que otro Occult Doctor real como la vida misma (por muy fraudulentos que sean), como Diego Torres de Villarroel o Tristanbraker. O el doctor Jiménez del Oso, que en el imaginario popular de mi generación, es el doctor de lo oculto español por excelencia.
Así que, en realidad, no nos resulta tan ajeno el tema fantástico/sobrenatural. En cuanto a las relaciones con el entorno a través de estas ficciones, te puedo contar lo siguiente: hace años, tuve la suerte de visitar con frecuencia un pueblo albaceteño que se llama Caudete de las Fuentes. Allí circulaba una leyenda relacionada con el tema del Sacamantecas: una serie de niños habían desaparecido de la localidad, y sus cadáveres se encontraron en lo alto de la Sierra Santa Bárbara, desangrados, como si alguna criatura voladora los hubiera llevado hasta allí para sorberles la sangre. El asunto allí se contaba, y se sigue contando, como hechos reales, probados y requete comprobados… pero no estaba nada claro en qué momento histórico habían tenido lugar; cuanto mayores eran los entrevistados, los hechos se remontaban cada vez más lejos: de los años 50 a los 40, a la época de la II República, e incluso antes… Y en cada versión, la historia tenía esa clases de detallitos insignificantes, pero radicalmente distintos, contradicciones que no se encuentran en la ficción, sino en la realidad. En fin, decidí contar la leyenda, y lo que hice fue llevarme al ghost-finder Thomas Carnacki de Hodgson hasta el Caudete de las Fuentes de 1916 para que resolviera este caso demoníaco con su ritual Saaamaaa, su pentáculo eléctrico y su cámara de fotos, mientras pasaba el rato en el casino del pueblo hablando con el cura y otros prohombres locales (rigurosamente reales todos ellos). El relato apareció en una publicación local (la revista de la banda de música de Caudete), y después la recuperé en una antología de relatos que se titula Los espectros conjurados. Pues bien: resulta que por Albacete circuló durante un tiempo un lote de ejemplares de ese libro, que iba itinerado por los clubes de lectura de las bibliotecas de los pueblos de Castilla-La Mancha. Y en Caudete, los miembros del club de lectura le dedicaron su tiempo a mi relato caudetano y, por lo que me han dicho, por allí había bastantes lectores que ya sabían perfectamente que Carnacki había visitado el pueblo mucho antes de la guerra, porque sus abuelos se lo habían contado. Que ya se sabían la historia de la visita del inglés. Y alguno de los lectores más viejos, al parecer, incluso se acordaba de haber visto a Carnacki por allí…

AK: ¿Consideras que no hay lectores para este subgénero? ¿Que las editoriales no saben moverlo? ¿Que ha muerto?

ALA: Creo que hay lectores para este o para cualquier otro subgénero. O sea: hay lectores para el porno con dinosaurios, ¿cómo no va a haber lectores para los doctores de lo oculto?
Y las editoriales: cada editorial sabrá lo que se hace, a qué público puede llegar, o si lo promocionan con tal o cual etiqueta, o con esta otra “para que el lector no se sienta constreñido” o “no se piense que va a leer un Sherlock Holmes contra Drácula”. Hay editoriales pretenciosas. Hay editoriales que son incapaces de hablarte de los libros que ofrecen, ni siquiera en la sinopsis. Hay editoriales que parece que no quieren vender sus libros, sino su agenda. En fin: cada palo que aguante su vela. Por mi parte, voy a publicar un volumen con los doce relatos de Flaxman Low (el decano de los Occult Doctors, el primerísimo, el oficial, el que reúne se inspira en Holmes y precede a Carnacki) a finales de 2018.

AK: ¿Conoces más autorxs españoles de este subgénero?

ALA: Me remito a mi artículo en Ulthar Extraordinario, donde hago un repaso de los Occult Doctors escritos por autores españoles: ya he citado aquí a varios, pero hay más en activo, y luego están algunos de los que me he enterado que existían cuando el número apareció. Por ejemplo, mi amigo Andrés Peláez Paz me chivó que el difunto y llorado José María Latorre tiene una trilogía de novelas juveniles protagonizada por una holmesiana pareja de detectives de lo oculto (el detective Henry Saville y el egiptólogo John Hadley); tengo por aquí la primera y es una gozada. Y cada vez que abro el muro central de Facebook, me asalta alguna nueva publicación amazónica o de sello editorial pequeñito, que podría o no tener relación con este negociado (y en muchos casos parece que sí, pero…). De hecho, estoy llegando a la conclusión de que tú mismo debes tener algún que otro doctor de lo oculto, posiblemente publicado, y yo no me he enterado todavía…