Papá, he tenido una pesadilla.
Parpadeas y te giras apoyándote en los codos. Tu despertador brilla al rojo en la oscuridad —son las 3:23h.
¿Quieres meterte en la cama y contármela?
No, papá.
Lo extraño de la situación acaba por despertarte del todo. Casi no puedes ver la pálida silueta de tu hija entre la negrura omnipresente en tu habitación.
¿Por qué no, cariño?
Porque en mi pesadilla, cuando te hablaba de la pesadilla que acababa de tener, la cosa que lleva puesta la piel de mamá se despertaba.
Te quedas paralizado; no puedes apartar la vista de tu hija. Las sábanas a tu lado empiezan a retirarse.

Punto. Cualquier juicio de valor al respecto de la calidad literaria de lo recién leído o de cuán familiar o no resulta el texto queda suspendido, porque lo que de verdad importa ahora mismo es que después de ese punto todo empieza y se despliega, el creepypasta funciona única y exclusivamente en ti y establece una ligadura de prolongación entre la brevísima ficción a la que has asistido y cómo suenan tus miedos en este preciso instante —estando tú solo ante la pantalla, leyendo… Algo se mueve a tu espalda; un telón se ha abierto en tu frente, tras tus ojos. No te atreves a volverte. Sigues leyendo…

La palabra creepypasta deriva de copypasta, término genérico para cualquier pieza escrita, fotográfica o videográfica que es copiada-y-pegada con profusión en foros online, y vendría a definirse como un artefacto breve y apuntalado en el horror, bien en forma de texto articulado como una leyenda urbana, bien mostrado como una instantánea encantada, un vídeo o audio que hubiese capturado una chispa sobrenatural o una demo para un videojuego maldito; como la pornografía, los creepypasta sirven única y exclusivamente al propósito de provocar un efecto muy, muy concreto en el receptor. Esa variante siniestra del proceso de duplicado y réplica por que el que un medio infecta a un mensaje —’creepy’: objeto, lugar o persona que despierta una sensación desagradable de repudio o temor, aunque no al extremo; extraña mezcla de sensaciones basadas en la curiosidad y el miedo—, florece y fructifica en webs como 4Chan o Reddit y se vuelve tupida y evoluciona en sitios especializados como creepypasta.com o Creepypasta Wiki.

…sigues mirando, sentando testimonio; frunces los párpados como tratando de penetrar una tiniebla de hielo rojo, un estado psíquico se ha escapado de ti, proyectado hacia la pantalla, subsumido a la red por cuanto eres, ahora, un componente de su síntesis teórica, ese encogimiento en tu pecho es fruto de asomarte al borde del caos de autopistas de efectos que circula en corrientes de datos generados por otros, atiende, como si el diminuto momento de terror inducido fuese una especie de Grito del Pueblo contra los taimadamente diseñados confinamientos del día a día…

 

…pero no es un desahogo, ¿verdad? No se siente así, ¿eh? En plano fijo, el asesino sonríe durante los últimos veinte segundos de grabación —a continuación decides que, sí, sería buena idea arrancarte los ojos (seguro que existe en alguna parte un tutorial sobre cómo hacerlo sin perder el conocimiento), meterlos en un sobre y enviarlos a las oficinas centrales de YouTube a modo de prueba de vida, testigo de que el mensaje, pútrido y comido por las infecciones, ha llegado a destino; calientas con el mechero una cucharilla hasta que brilla al púrpura acerado, y ahora gritas tú también…

Los creepypasta replican las dinámicas de un rumor: por lo general, son transmitidos sin conocimiento de la fuente original y modificados por acumulación de aportaciones y matices propios, llegando a coexistir en el tiempo diversas versiones del mismo pedazo de información corrupta. Se da el caso de que incluso sus creadores aseguran que esto a lo que han dado forma no es más que algo que han oído en otra parte o con lo que han topado mientras se movían por otras webs, oscureciendo así su autoría y cualquier atisbo de derecho de generación en favor de la suspensión de credulidad necesaria para que el acto mágico de plantar el chispazo de terror suceda —Internet es un laberinto de enlaces rotos y vías muertas, reproducción no atribuida o mal atribuida, malinterpretación y citas descontextualizadas, del que el creepypasta emana como de una virtual nada. En estos tiempos en los que un producto mediático de éxito casi obligatoriamente debe ser forzado a conjugarse con eso a lo que llaman cultura de convergencia —los modos en que dicho producto rebasa los límites del medio que le es connatural y amplía sus contenidos al converger con los contenidos de otros, como por ejemplo cuando una serie de televisión amplía los presupuestos originales de su ficción y ésta es tendida de forma artificial hacia otras modalidades de ficción o directamente hacia la realidad a través de hastags relacionados, wikis, foros, páginas en Facebook, webseries, videojuegos y etcétera—, los creepypasta trascienden las impostadas y económicamente interesadas maneras con las que las industrias culturales pretenden imponer y guiar los flujos de la cultura popular del siglo XXI como si de un engendro mutante y revanchista se tratase, haciendo de la convergencia transmediática su caldo de cultivo, su fosa séptica radiactiva desde la que el monstruo se alza, volviéndola el ethos adoptado por su hipervinculada multitud de cabezas sin rostro y tronchando con su sola existencia la nervadura de las herramientas coercitivas industriales para armar una Segunda Oralidad —no tanto un regreso a la tradición oral sino una nueva y sofisticada forma de aquella transmisión fluida, relativa, síncrona, hiperbólica y reversionable— que insufla un brío a lo popular que creíamos haber perdido para siempre.

creepypastas.

Internet es un laberinto de enlaces rotos y vías muertas, reproducción no atribuida o mal atribuida, malinterpretación y citas descontextualizadas… Es un universo en sí mismo, expandiéndose hacia quién sabe dónde con cada interacción e implementación, con cada añadido y cada sustracción simbólica… ¿Sabes que, a día de hoy, se estima que casi la mitad de los habitantes del planeta están conectados a la Red? —no se conectan, ni acceden puntualmente, con lo que ello conlleva de albedrío, opción u ociosidad, sino que están conectados, forman parte de la biología virtual de un hiperespacio a la vez interior e intrínseco y exterior y excéntrico— ¿Qué significa, pues, el hecho de que la primera y crudísima criatura que más competente se ha demostrado al medrar en ese particular y novísimo ecosistema distinto a todos los ecosistemas de los que haya tenido conocimiento la especie humana durante su Historia, sea un organismo cibernético viral hecho de ficción siniestra y que tiende a comportarse como un contenedor de nuestros mayores miedos al respecto de todo lo que no comprendemos sobre la misma Internet? La doctrina del Cosmicismo sostiene que “no hay una presencia divina perceptible, como un Dios, en el universo, y los humanos somos particularmente insignificantes en el gran mapa de la existencia intergaláctica, y quizá, somos sólo una especie pequeña proyectando sus propias idolatrías mentales en el vasto cosmos, siempre susceptible a ser eliminada de la existencia en cualquier momento”; ¿qué proyectamos, entonces, cuando proyectamos algo como los creepypasta?

…el terror ya no está en ti: es tú. Redefines la fórmula Horror Cósmico al intuir cómo desde una brecha en la corriente informática supuran demonios, se encarna y desata el desorden de tus peores fabulaciones —la tragedia, hoy, es un agujero negro que absorbe incontables terabytes de datos y los transporta a otra dimensión; la discontinuidad entre la CPU y tu corazón no es más que otra representación ficticia, una filosofía torticera y una ideología tambaleándose hacia el sumidero de la imposibilidad de que a partir de hoy vaya a volver a haber jamás una evidencia incontestable a la que aferrarse… Agarras un cuchillo y te lo llevas a la garganta. Sonríes.