¿Qué es la comunicación interespecie? Daniel Camino hace quince años que enseña a los dueños a entender a sus mascotas telepáticamente.

 

Tengo dos gatos: Enki, que me acompaña hace ya nueve años y que adopté cuando tenía un mes, y Dante, que camina conmigo desde hace cinco, cuando él tenía un año ya. Y como todos los que poseemos mascotas, a veces nos miramos y no puedo evitar preguntarme qué estarán pensando en ese momento, qué piensan cuando saben que están haciendo algo que yo no quiero que hagan o qué les ronda por la cabeza cuando, presa de un ataque de migraña, deciden no hacer ruido alguno y tumbarse a mi lado tanto tiempo como me cueste volver a levantarme. En más de una ocasión, cuando les he mirado a los ojos, he creído ver un destello de una inteligencia que va más allá de, como dicen ciertos hombres de ciencias, ser unos seres que se guían únicamente por instintos e ideas simples.

Puede que el lector (sobre todo aquél que no tenga mascota) me tome por loco, pero sabía que Daniela no lo haría. Y no sólo eso: esperaba encontrar una respuesta a estas preguntas hablando con ella. Porque Daniela Camino lleva quince años enseñando a los dueños a comunicarse a sus mascotas.

 

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La contacto por Skype a las 19:00, hora de México. Antes de concederme la entrevista, Daniela quiso estar segura de que iba a tomarla en serio. «La gente suele pensar en Doctor Dolittle cuando se habla de telepatía con animales», apunta nada más empezar. Matiza entonces que “telepatía” significa en realidad usar nuestros cinco sentidos e incluso los sentidos psíquicos extendidos (la clarividencia o la clariaudiencia, por ejemplo) para emitir y recibir información. “Los comunicadores interespecie nos dedicamos, a fin de cuentas, a mediar entre la parte humana y la parte animal para ayudarles a resolver, apoyar y mejorar una situación conflictiva, a dar voz y voto al animal para que sea uno más del núcleo familiar”.

Como veterinario que soy pienso en tantas veces en las que me hubiera sido de gran ayuda poder preguntar directamente a mi paciente de cuatro patas cuál era exactamente su dolencia, como lo hace un médico de cabecera. Daniela me explica que precisamente ésta es una de las aplicaciones de su profesión. Pero, ¿se necesita algún don para comunicarnos con nuestras mascotas o todos podemos hacerlo?

—Los seres humanos podemos hablar con los animales, porque compartimos los mismos genes. Lo verdaderamente necesario es la intuición, pero es un músculo que hay que entrenar.

—En un mundo donde todo es tan inmediato y hay tanto ruido es difícil ser intuitivo.

Y lo es.

—Desde hace unos 500 años, en Occidente separamos la mente del cuerpo y decidimos dar la espalda a la intuición, fijándonos solamente en la razón y el dogma de la ciencia que, pese a ser importante, nos ha desconectado de nuestras raíces y nos ha hecho cometer auténticas aberraciones y absurdos para con el planeta.

Daniela me habla de chamanismo, la forma de espiritualidad más antigua, dice, que se basa en el reconocimiento de los animales y lugares de poder, y en la capacidad de comunicarse con los seres vivos basada en el respeto.

Es sacerdotisa Quero, una tipología de sacerdote que trabaja con las energías de los lugares sagrados. También estudió Antropología, Ciencias Cognitivas, Filosofía y Justicia Distributiva. Su formación es holística y huye de todo dogmatismo científico. Ha trabajado luchando por los derechos humanos y a favor de las comunidades indígenas y de la infancia. En realidad, pienso, es una buscadora de la verdad y alguien consecuente con sus ideas.

—¿Cuándo te diste cuenta de que los humanos podemos comunicarnos con los animales?

—Fue cuando tenía veinte años. Estaba en una comunidad indígena en México y me acerqué a un cerdo porque me sorprendió su belleza y su presencia; pude sentir su inteligencia. En voz alta le dije: “¡Qué bonito e inteligente eres!”. Entonces, oí cómo el cerdo me decía mediante telepatía que yo también lo era. Retrocedí, pensando en lo raro que había sido. Esa tarde me fui a descansar y a eso de las cinco de la mañana del día siguiente me despertaron los gritos de ese animal al que estaban sacrificando para comérselo. Yo lo seguía escuchando y todo mi cuerpo reaccionó ante aquello: tuve náuseas durante un mes, me volví vegetariana al instante…

“Las arañas, por ejemplo, poseen un silencio magnético. Tienen una presencia calculadora, pero están muy unidas a su entorno y son muy inteligentes.”

A raíz de aquella experiencia, Daniela empezó a interesarse por otras formas de desarrollo psíquico (flores de Bach, plantas…), combinándolos con sus trabajos más académicos. Fue en EE.UU., buscando en una librería libros sobre derecho jurídico de los animales, donde encontró libros sobre la comunicación telepática entre especies. Compró varios y, al leerlos, supo que había encontrado su camino.

 

Más de cinco sentidos

El sentido más importante para el ser humano es la vista y el primero que utilizamos cuando empezamos a comunicarnos con otras especies. Daniela puede sintonizar con un animal a través de una fotografía y una breve descripción del mismo. No obstante, no sólo se trata de captar imágenes; con un poco de práctica se llega a experimentar con cualquiera de los otros sentidos convencionales, incluso con el sentido espacial o con otros ajenos a nosotros, como la ligereza del vuelo o la capacidad de sentir la electricidad de los tiburones.

Y es que los mensajes no sólo se reciben a través del lenguaje verbal: “La información llega de forma muy condensada, con un profundo sentido de claridad, en forma de emociones, ideas, sensaciones; a veces, palabras”.

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Si hay algo de lo que nunca me he escondido es de mi profunda aracnofobia. Pensar en que una araña pueda comunicarse al mismo nivel que cualquier otro animal es algo que me perturba profundamente. Y, si lo pienso, esta fobia me invita a verlas como unos animales malvados y crueles.

“Cada animal tiene capacidades diferentes —me explica cuando le hablo de ello—. Una vez hablé con el gorila Bantú, del zoo de México, y me pareció súper inteligente. Las aves son rápidas y precisas, en los perros encontramos un amor incondicional y una gran capacidad de entrega y lealtad; en los gatos hay una enorme capacidad de sanación, observación y una inteligencia muy fina; en vacas, inocencia y un verdadero gozo de sentir; las gallinas tienen una inteligencia burbujeante y son muy curiosas y sensibles. Quizá los invertebrados son menos emocionales, pero no por ello son menos inteligentes. Las arañas, por ejemplo, poseen un silencio magnético. Tienen una presencia calculadora, pero están muy unidas a su entorno y son muy inteligentes”.

—¿Cuál es el animal con el que es más difícil comunicarse?
—El ser humano —contesta inmediatamente.
—Seguramente porque sabemos mentir y ellos no —añado, algo sorprendido por su respuesta.
—No, los animales también saben mentir, pero lo hacen para evitar sufrimiento al ser humano. Me he encontrado con casos de animales con dolor a causa del cáncer que me dicen que están bien porque saben que si dicen lo contrario y se lo transmito a su humano, éste va a quedar devastado. Ésas son las clases de mentiras que dicen.

 

Daniela Camino

 

Algunas religiones, como la judeocristiana, afirman que los animales no tienen alma. Sin embargo, los budistas, por ejemplo, creen lo contrario. Para Daniela, los animales no sólo tienen alma, sino que además es capaz de comunicarse con fallecidos. “Vengo de una formación académica y me he encontrado con situaciones difíciles de aceptar si no se tiene una mente abierta. Los animales, al igual que las personas, a veces son muy reacios a dejar su cuerpo y existencia física, sobre todo si quedan culpas o temas pendientes.

Por eso es tan importante hablar con el animal durante la enfermedad y, llegado el caso, antes de la eutanasia, para que sea un proceso acompañado y el animal entienda y esté de acuerdo con él. De hecho, suele ser más duro para el humano que para el animal si no hay esta comunicación, debido a la carga moral que implica decidirlo unilateralmente”.

Adiós al perro de Pavlov

Cuanto más avanza la entrevista, más consciente soy de la sociedad en la que vivimos, basada en la explotación animal y más avergonzado me siento de ella; no sólo me refiero al maltrato y abandono de animales domésticos, sino a su uso como cobayas de laboratorio, a las corridas de toros y las peleas de perros, a la forma inmoral y carente de escrúpulos en que se les hacina en granjas de crianza para servir de alimento. Incluso fueron utilizados en las guerras (no hace tantos años) como brigadas explosivas… Quién no recuerda a los llamados «perros de Pavlov», entrenados para situarse bajo los tanques enemigos y hacerlos saltar por los aires.

“A medida que haya más gente capaz de comunicarse con animales y conozca el mensaje de la naturaleza, estaremos más cerca del cambio”.

Sin embargo, y aunque de manera muy lenta, estamos experimentando un cambio de consciencia social, acompañado de un endurecimiento de la legislación que protege los derechos de los animales. En 2013 la Comisión Europea prohibió comercializar cualquier producto cosmético que se hubiera experimentado en animales; ese mismo año, España puso fin al uso de simios con fines científicos (salvo en casos excepcionales). Recientemente, el Parlamento de Cataluña ha prohibido su utilización para los espectáculos circenses.

 

circulo anahata jardin

 

Daniela es optimista respecto a este cambio de rumbo social y político pero, sobre todo, espiritual. “A medida que haya más gente capaz de comunicarse con animales y conozca el mensaje de la naturaleza, que es de amor incondicional y de hermandad entre especies, estaremos más cerca del cambio”.

Justo después de acabar la entrevista, uno de mis gatos salta sobre la mesa, ronronea y, mirándome fijamente, apoya su patita en mi nariz, llamando mi atención. Le acaricio entre las orejas y, mientras él cierra los ojos y se deja hacer, sonrío. Cuántas cosas tengo que aprender de ti, peque…

Estos son mis dos gatos, Enki y Dante. :)

Estos son mis dos gatos, Enki y Dante. 🙂

Si estás interesad@ en la comunicación con animales y quieres conocer los cursos que realiza, así como leer más sobre el tema, visita la web de Daniela Camino: