Movimiento cultural o ciencia de lo inútil, la patafísica es para algunos el mejor reflejo de nuestra sociedad. Hablamos con Sociedad Excéntrica, el instituto patafísico de Barcelona.

 

Hay dos palabras que la gente utiliza con total impunidad, la primera es feminismo y la segunda, patafísica. Una “ciencia de las soluciones imaginarias” en la que la excepción rige el universo, tal cual la describió el doctor Faustroll, que junto al mítico Ubú Rey es uno de los personajes de Alfred Jarry más celebrados de esta ciencia de los opuestos que excede a la metafísica.

En el fondo, una suerte de cuántica, zen o puro delirio que influyó a artistas como Duchamp, Miró y Picasso, y cuyo representante más conocido es el escritor Fernando Arrabal.Y tal vez porque algunos la definen como la ciencia de lo inútil, no hay nada más patafísico que el mundo, sobre todo, hoy. En busca de soluciones que un ‘sátrapa’ sólo encuentra en la anarquía, visitamos al instituto patafísico más activo de Barcelona, Sociedad Excéntrica, y tras nuestra conversación reclamos un mondadientes, un revólver y pedir nuestra entrada en la sociedad. Hablamos con sus fundadores Narcissus Maximus y Raimundi Intelligibilis.

 

¿Es la patafísica la ciencia de todo y de nada? ¿Hay algo en esta vida que no sea patafísico?

La ‘patafísica es la substancia misma del mundo: no puede haber nada fuera de ella. Atendamos por un segundo a su etimología: del griego epí (metá ta physiká), significa ‘lo que se sobreañade a la metafísica’. ¿Qué podría escapar a esta Ciencia, que se extiende más allá de lo que trasciende la propia experiencia?

 

En una entrevista concedida a ‘Eñe’, Cippollini dijo que no hay nada más patafísico que la actualidad. ¿Estáis de acuerdo?

Cippollini no es el primero en hacer una afirmación semejante: el sátrapa Enrico Baj ya advirtió, hace algo más de dos décadas, que “la contemporaneidad, lo cotidiano, están empapados de ciencia ‘patafísica”; y José Manuel Rojo lo reconoció posteriormente en el prólogo a la edición española de su libro. Sin duda, inventos como las pantuflas con linterna, el descubrimiento de las ondas gravitacionales o la devaluación monetaria apuntan en esa dirección.

 

Si es la ciencia de las soluciones imaginarias, ¿hacen los políticos patafísica?

Esa definición está incompleta sin la máxima de otro sátrapa, Marcel Duchamp, que dijo algo así como “no hay solución porque no hay problema”. La circularidad de su argumento evoca a la panza de Ubú; no es de extrañar que evite el silogismo por su resonancia aristotélica. En realidad los políticos se parecen más a ese simpático tirano (“capitán de dragones, oficial de confianza del Rey Venceslao, en posesión de la orden del Águila Roja de Polonia y antiguo rey de Aragón”) que al doctor Faustroll, de cuyas sabias enseñanzas nació la Ciencia que hoy divulgamos.

No ha habido en la historia de Europa un personaje más ubuesco que Berlusconi: de hecho, recordando una anécdota muy divertida de nuestro viaje exprés a París, encontramos por casualidad –sería más preciso hablar de sicigia- un ejemplar de la revista ‘Marianne’ que contenía un artículo maravilloso firmado por Darío Fo, titulado Berlusconi a décervelé l’Italie (‘Berlusconi ha descerebrado Italia’).

Retrato de Fernando Sabater

El escritor Fernando Arrabal, uno de los patafísico más conocidos

¿Qué solución patafísica le daríais a un problema, por ejemplo, como el actual vacío de gobierno?

El único régimen que satisface las exigencias del patafísico es la anarquía.

 

Fernando Arrabal es uno de los ‘sátrapas’ más conocidos. ¿Qué requisito se necesita para ser un patafísico? ¿Puedes iniciarte tú mismo o, como vosotros decís, te ‘cooptan’?

Nuestros estatutos dicen que el género humano está compuesto enteramente por patafísicos, de modo que la única función del Collège –una sociedad de investigaciones sabias e inútiles– es reunir a aquellos que lo son voluntariamente, es decir, los patafísicos conscientes. A estos les basta con pagar una phynanza anual, que incluye además de la inscripción el derecho a recibir su revista y múltiples publicaciones internas, a participar en cualquiera de sus manifestaciones públicas o privadas, etc. Se empieza en el escalafón más bajo (como auditeur o correspondant) y, en función de los méritos, los títulos pomposos van llegando.

“La imaginación fantástica es la única arma de defensa para preservar la autonomía del pensamiento”.

En el caso de los sátrapas es distinto: suelen ser escritores, artistas o científicos muy importantes que, aun ignorando qué es la ‘patafísica, reciben tal honor. El problema de esta jerarquía inicialmente paródica es que algunos han querido tomársela en serio, por eso creemos que el futuro está en los institutos y no la ‘matriz’ parisina.

 

La patafísica no busca transformar el mundo, pero una de sus grandes obras,Ubú Rey, es una crítica a las tiranías. ¿En realidad no hay ninguna voluntad política en la patafísica?

Uno de nuestros principios fundamentales es el de la imperturbabilidad (lo que estoicos y epicúreos llamaron ‘ataraxia’): al aceptar los principios de equivalencia universal y unidad de contrarios, parece una consecuencia necesaria. Si todo es lo mismo, ¿qué sentido tiene querer cambiar las cosas? Ahora bien, esta lectura aparentemente reaccionaria tiene denominación de origen. Son nuestros colegas franceses quienes han despojado a la patafísica de todo su potencial emancipador, mientras que en Italia el arte no ha dejado nunca de ser comprometido. Baj, situacionista antes que patafísico, concebía nuestra doctrina como un “mecanismo de resistencia psíquica” y veía en la imaginación fantástica “la mejor arma de defensa para preservar la autonomía del pensamiento”.

Los medios, la sociedad de consumo y la tecnociencia como ideología fueron los objetos más frecuentes de sus críticas. Lo cierto es que Jean Baudrillard hizo grandes aportaciones en este campo (‘El sistema de los objetos’), casi tan valiosas como las de Umberto Eco. Nosotros nos hemos centrado en la cuestión del género: hay un vínculo muy estrecho entre el feminismo postidentitario/queer y nuestra propuesta epistemológica.

 

 

Jarry paseaba con un revólver por la calle. ¿Para vosotros ese revólver es un símbolo, una anécdota más, o algo que todo sátrapa debería llevar encima?

Las anécdotas sobre Jarry, una especie de Diógenes moderno, son interminables. Nos encanta la del cure-dent: su última voluntad, lo que rogó a sus amigos justo antes de morir, no fue otra cosa que un mondadientes. Esto, como ocurre con los filósofos cínicos, es también parte de sus enseñanzas. Sobre el revólver… Es curiosa la fascinación que despertaron las armas entre patafísicos y surrealistas; André Breton escribió que “el acto surrealista más puro consiste en bajar a la calle, revólver en mano, y disparar al azar contra la multitud”. Jarry no pegó jamás un solo tiro, más bien lo usaba para ligar: coqueteo y masacre son dos razones muy legítimas.

 

 ¿Estamos viviendo ahora un renacer patafísico, que es casi cuántico y un absurdo total? ¿Por qué hacer patafísica en el siglo XXI?

El período de ocultación duró unos cinco lustros (1974-2000) y fue instaurado por Opach, Vicecurador durante la tercera magistratura, tras la muerte de un alto número de miembros y su notable desdén por los diplomas y las reuniones. Desde la desocultación no hemos podido estar más activos: se han nombrado decenas de sátrapas, la Viridis Candela sigue publicándose cada tres meses y, hace relativamente poco, se celebró una fiesta de año nuevo -143, según nuestro calendario- en París. Fuera de Francia los institutos se extienden como una ETS, y se han publicado numerosos ensayos sobre patafísica en varios idiomas. Esto se explica por la vigencia de muchos de nuestros planteamientos: si ya en el siglo XIX hubo un marica opiómano que criticó el modelo científico por totalitario, los hijos de la era tecnológica tenemos razones de mayor calado.

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A view of the pulpit rock in Norway

Boris Vian o Jean Genet fueron sátrapas, pero sus obras son crudas, lo cual contrasta mucho con una idea de la patafísica como algo más metafísico, teórico. O tal vez tenga una idea equivocada…

De la patafísica hay tantas versiones como patafísicos hay en el mundo: ninguna tiene privilegios respecto a otra. Por el podio han pasado matemáticos (Benoît Mandelbrot), filósofos (Jean Baudrillard), artistas (Joan Miró), dramaturgos (Eugène Ionesco)… que no podrían haber tenido menos en común, y sin embargo se consideró que la obra de todos ellos estaba impregnada de Ciencia. Arrabal lleva años proponiendo a sus amigos Kundera y Houellebecq pero no cuenta con la aprobación del Corps des Satrapes, una pena.

 

Joan, la protagonista de la canción de los Beatles Maxwell’s silver hammer, leía patafísica en casa y la asesinaron de un martillazo en la cabeza. ¿Se siente el patafísico amenazado por una sociedad que no le entiende? 

Es algo con lo que Alfred Jarry ya contaba al formular su teoría. El capítulo donde aparece la primera definición rigurosa termina con esta advertencia: “meditemos sobre lo que dice el alma de la multitud irreverente sobre los adeptos a la patafísica: otros tantos locos”. Han transcurrido doscientos años desde esta declaración y todo sigue igual: la propia palabra sigue despertando carcajadas. Ni siquiera se menciona al hablar de Duchamp, Miró o Picasso, a pesar de la enorme influencia que ejerció sobre ellos y de su enorme implicación en los asuntos del Colegio. Por suerte no hay de qué preocuparse: siempre hemos tenido una vocación minoritaria.

 

Sociedad Excéntrica es el primer instituto patafísico de Barcelona. ¿Cuál fue su germen? ¿Cuántos sátrapas la forman?

Sociedad Excéntrica nació hace más de seis años como plataforma de difusión para jóvenes creadores (fotógrafos, diseñadores, ilustradores, poetas…) que compartían nuestro gusto por la estética retro, especialmente por el steampunk y el dark cabaret. No fue hasta hace un par de años cuando, a raíz de la publicación de dos volúmenes de Caja Negra y Pepitas de Calabaza, descubrimos la patafísica y lo pusimos todo ahí. Tras participar en un cabaret literario con un discurso inaugural sobre Dildotectónica Microprostética, decidimos constituirnos como instituto, que para nuestra desgracia no es el primero: nos precede la Facultad de Ciencias Inútiles, aunque no hay ningún rastro de actividad desde 2009.

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Fig1. – A view of the pulpit rock in Norway.

Publicáis una revista llamada Rereguarda, cuyo nombre ya parece un antídoto a las vanguardias. ¿Por qué la patafísica no es una vanguardia y qué malo hay en ellas?

A pesar de nuestro especial interés por Dadá y el surrealismo, creemos que la destrucción del pasado conduce finalmente al silencio, y en este sentido hacemos nuestras las palabras de Umberto Eco: se trata de regresar a él con ironía, sin ingenuidad. Nuestro discurso (el de la ‘patafísica en general, y el de Sociedad Excéntrica en particular) es genuinamente posmoderno.

 

Representáis obras de teatro, organizáis conciertos y conferencias, y editáis la Rereguarda, y además con éxito. ¿Será que Barcelona es la ciudad patafísica por excelencia? ¿Cuál es vuestro próximo proyecto?

La capital sigue siendo París, aunque han aflorado institutos en lugares tan dispares como Armenia, Melbourne, Granada y Mongolia. Aquí hemos promovido actividades que, para sorpresa de todos, tuvieron buena acogida: en diciembre el Otro Ilustre Colegio Oficial de ‘Pataphysica actuó en un bar de Poblenou que se llenó de góticos, punks y ‘miquelets’ (una especie autóctona de Gracia).

Otros proyectos fracasaron estrepitosamente, como la serie de conferencias que culminó en el Ateneu Barcelonès y que no logró reunir a más de diez personas. Reconocemos que no es un formato apropiado; por eso ahora organizamos un macrocongreso, algo menos solemne pero mucho más ambicioso, que reunirá a patafísicos de Milán, Burriana, Zaragoza y Freiburgo. Tendrá lugar en julio y durará tres días: habrá una exposición titulada 1stuzzicadentixjarry (‘Un mondadientes para Jarry’), performances en plena calle, erudición y mucha lascivia.