Aziz Abu Sarah es el fundador de MEJDI Tours, una empresa de turismo sostenible que conecta a turistas y locales a través del intercambio cultural respetuoso para evitar la turismofobia.

 

Tuve el placer de conocer a Aziz Abu Sarah en enero de este año, en una conferencia en Amsterdam sobre la industria del turismo y su crecimiento, donde dio una charla sobre cómo se puede lograr un turismo sostenible.

Nacido en Palestina, Aziz es un empresario dedicado a construir paz. Cuando era pequeño, su hermano mayor fue arrestado por tirar piedras a coches israelíes. En prisión, su hermano de 18 años fue golpeado severamente y aunque lo pusieron en libertad, murió poco después a causa de heridas internas. Aziz perdió a su hermano y estaba enojado, lleno de odio y deseaba venganza. Sin embargo, ese no fue el camino que tomó.  Años más tarde se inscribió en una clase de hebreo en la que conoció por primera vez a judíos que no eran militares; aprendió que tenía muchas cosas en común con ellos, como el amor por la música country,  y que lo que los separaba era una gran muralla de ignorancia alimentada de resentimiento.

Aziz Abu Sarah.

 

Este empresario palestino lleva mucho tiempo trabajando en crear nuevas narrativas. Fundó MEJDI Tours, que es una empresa que ofrece rutas turísticas únicas para sus clientes y otorga a los viajeros la oportunidad de sumergirse en una cultura y aprender sobre ella. Un buen ejemplo es una ruta por Jerusalén en la que los visitantes van en grupos dirigidos por un guía palestino y uno judío.  Ambos comparten la historia de su ciudad desde su conocimiento y experiencia.

Tenía muchas ganas de hablar con Aziz porque me transmitió un deseo genuino de obrar un cambio social y porque viaja por todo el mundo creando espacios para que los locales y los turistas puedan establecer una conexión real y se realice un intercambio cultural que enriquezca tanto a los que visitan como a las personas que viven en el lugar.

“Cuando existe este tipo de turismo masivo, aunque la ciudad sea hermosa y rica en historia, pierde su autenticidad”.

En nuestra conversación telefónica, hablamos de lo que esta sucediendo en muchas ciudades de Europa, en las que se ha manifestado un resentimiento hacia el turista y un deseo de limitar la entrada a extranjeros. Venecia, San Sebastián y Barcelona están entre las ciudades que han marchado para protestar por lo que definen como una “invasión”, que ha deteriorado la calidad de vida para los locales. ¿Qué nos puede contar Aziz sobre la turismofobia?

Aziz, ¿Qué piensas respecto a lo que esta sucediendo en Barcelona, Venecia y otras ciudades en las que hay un turismo desbordante?

Hace ocho meses estuve en Barcelona justamente para hablar sobre la industria del turismo, su desarrollo y crecimiento. Es normal que todos los negocios quieran crecer, pero creo que en Barcelona se ha perdido el control.

En los años treinta y cuarenta, Egipto atravesó por algo muy parecido a lo que esta sucediendo en Barcelona. Hubo una explosión de turismo y, como resultado, la gente local empezó a escribir mensajes amenazantes en las paredes y a protestar en contra de los visitantes. Muchas personas asumieron que tenía que ver con la religión, pero se hizo un estudio que demostró que protestaban porque no se beneficiaban del turismo. Las áreas se llenaron de extranjeros, los precios de vivienda y productos subieron de forma desorbitada y esto afectó a los residentes.

 

¿Cómo crees que podemos cambiar esto?

Yo creo que hay muchas personas con ideas novedosas sobre cómo poder solucionar este problema. Mi opinión, basada en mi experiencia tanto personal como profesional, es que un futuro para el turismo tiene que tener en cuenta a los locales. ¿Cómo se pueden involucrar? ¿Qué beneficios les reportará a ellos?

También tenemos que preguntarnos: ¿Es todo tipo de turismo bienvenido? ¿Qué leyes o reglas se pueden implementar para proteger la calidad de vida de la gente local? ¿Qué preguntas nos estamos haciendo? Los turistas no deberían de verse como un inconveniente, pero una conversación sobre el impacto en la comunidad es necesaria.

Roma - Fontana di Trevi

Turismo Masivo en la Fontana di Trevi (Roma)

 

No hace mucho, una organización juvenil dañó las llantas de las bicicletas de unos turistas en Barcelona. ¿Crees que este tipo de acciones pueden tener resultado?

El cambio basado en la violencia no es un cambio real. Creo que las personas tienen todo el derecho a denunciar aquello con lo que no están contentos. Barcelona tiene una misión difícil. El gobierno local, las corporaciones y los negocios deben estar dispuestos a tener una conversación sobre el cambio.

Decir “no queremos turistas” es un pensamiento poco realista, porque eso no va a ocurrir. Desde una perspectiva económica, es inviable acabar con el turismo y es improbable que la gente deje de viajar. Sin embargo, hay que plantearse qué se puede hacer por la comunidad, cómo se pueden controlar los precios de manera que los locales no tengan que abandonar sus casas ni su estilo de vida y si se puede implementar un control de precio en ciertos productos.

“¿Podemos contar una historia diferente? ¿Podemos construir una narrativa nueva?”

Para mí, es obvio que la comunidad local no está detrás del turismo que existe en Barcelona ahora mismo. No puedo hablar por otros, pero hablo desde mi experiencia. Como ciudadano de Jerusalén, me enfada cuando los turistas faltan el respeto a mi ciudad. Me enoja cuando no les interesa conocer la historia y que no respeten a los locales, ni sus normas y su estilo de vida. Esto no está bien y entiendo por qué la gente en Barcelona está molesta. A mí me interesa la historia del lugar y de las personas que viven ahí.

La violencia no es la respuesta y nunca la ha sido. Barcelona tiene el potencial de ser una ciudad líder en turismo sostenible; tiene el poder de cambiar la forma en que funciona el turismo de ahora, porque el turismo debería ser para las personas. ¿Qué se puede hacer a nivel local para que los turistas y los locales puedan conocerse e intercambiar experiencias?

Turismo masivo de playa. Foto: Pablo FJ (cc)

 

Esto requiere de mucho trabajo y aquellos que se involucren en esta conversación tienen que estar dispuestos a trabajar por el cambio. El gobierno, las empresas y corporaciones tienen que evaluar la manera en la que han estado operando hasta ahora. Este no es un problema que afecta a Barcelona solamente, también a muchas otras ciudades en el mundo, porque el turismo de ahora afecta a muchos lugares. Hace no mucho viajé a Kioto y estaba sobrecargado de turistas que corrían de una parada a otra para hacerse una foto. No era sólo que estuviera lleno de gente, sino el valor que tenía su visita; la ganancia para la comunidad.

 

 ¿Hay alguna ciudad o país que haya realizado cambios para mejorar el problema de turismo masivo y consecuente turismofobia?

Una ciudad que ha hecho grandes esfuerzos es Petra y el gobierno de Jordania. Han implementado regulaciones y normas para proteger a la población. Funcionan con un sistema en el que los guías tienen turnos específicos para no saturar los monumentos históricos y también han creado experiencias que son lideradas y organizadas por los locales; por ejemplo, llevan al turista al desierto para compartir su cultura.

Petra tiene todavía muchos visitantes, pero el sentimiento que existe no es de resentimiento, porque los locales están involucrados. Si los gobiernos y corporaciones se ponen de acuerdo, se puede crear algo para ayudarse entre sí y mejorar la experiencia de todos.

“El turismo no debería disparar el coste de vida”.

Otro ejemplo que se me ocurre es una organización en Tailandia, Localalike, que trabaja con la gente de varias poblaciones para brindar experiencias únicas a los viajeros y evitar la turismofobia entre los locales. El dinero se invierte en educación, infraestructura y otras necesidades de las comunidades. Tailandia tiene ciudades que están sobrecargadas de visitantes y organizaciones como esta ayudan a que la gente conecte y realmente conozca la cultura del país.

 

 ¿En qué estás trabajando ahora?

Acabo de regresar de Colombia, donde hay muchísimos proyectos. Es un país con una biosfera maravillosa y hay que pensar en cómo se va a contar su historia a los que vienen de fuera. Y dentro de poco viajaré a Brasil; he estado trabajando con UNESCO y con National Geographic en proyectos que tienen que ver con la protección de las comunidades y sobre establecer nuevas narrativas.

 

¿Algún consejo que nos puedas dar a las personas que nos gusta viajar?

Viajar tiene que ver con conectar. Hay una frase de un viajero árabe que dice: “Si no tienes una historia que contar sobre tu viaje, entonces ¿qué hiciste?”. Creo que va mal si viajas y no te llevas contigo experiencias nuevas que van más allá de una foto junto a un monumento. Viajar se ha convertido en algo muy superficial. A mí me encanta la fotografía, pero me gusta más conocer a las personas locales y hablar con ellos.

En Japón iba en en un tren y al lado se sentó un señor japonés. No hablaba en inglés, pero nos comunicamos, terminamos pasando el día juntos y él me llevó a muchos sitios que no hubiera conocido sin su compañía. Hay barreras más grandes que el lenguaje.

Viajar no solamente tiene que ver con la distancia que recorres para llegar a un destino, tiene que ver con tu estado mental.

Conecta. Busca conectar con la gente local. Demuestra que tienes interés en su historia, tanto la de su cultura como su historia personal. Ten respeto. Muchas veces el contacto con una persona local puede cambiar las impresiones que tenías de esa comunidad. Muchas veces te das cuenta de que estabas equivocado. Sobre todo, cuando las personas sienten que están perdiendo su hogar, su ciudad, es normal que se enojen. Si hay mucha gente que está enojada es una señal de que algo va muy mal.

Comienza en tu propia ciudad, empieza a conocer a personas en tu zona, en tu barrio. No tienes que ir muy lejos para conectar y tener nuevas experiencias.