La artista londinense Nikki Shaill, fundadora de Art Macabre, ha revolucionado los salones de dibujo con un concepto que aúna muerte y arte: el ‘death drawing’.

 

No faltan veinte minutos para las nueve, pero tal vez todos los relojes marquen la misma hora. Miss Haversham se acomoda el ajado vestido de novia y sienta su corazón roto frente a un grupo de artistas que retratan el polvo de sus recuerdos en sus blocs de dibujo. No estamos en la mansión de ‘Grandes Esperanzas’, aunque sí es ‘Mortalmente Dickens’, uno de los muchos salones que organiza desde hace tres años Art Macabre, este singular club de dibujo emplazado en Londres que nació, como no podía ser de otra manera, a partir de una fiesta de Halloween.

“Yo formaba parte de un colectivo que organizaba un festival feminista DIY en Londres, el Ladyfest Ten. Empezamos creando eventos de pintura en los que las modelos no cumplían el típico canon estético: rubia, delgada, blanca, joven…. – explica Nikki Shaill-. La mayoría de las clases de pintura siempre ofrecen el mismo tipo de modelo, lo que es tremendamente aburrido y no muy inspirado. Después del éxito que tuvimos con un especial Halloween, vimos que a la gente le divertía lo macabro y nos preguntamos si podríamos organizar más eventos que relacionasen arte y muerte. Así nació el concepto de ‘death drawing’.

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Miss Haversham marchita los pinceles en el salón Deathly Dickens

Marineros ahogados, mujeres suspendidas sobre vagones de tren abandonados, patinadoras-zombi, unicornios montados en uniciclos… Modelos jóvenes y viejos, hombres y mujeres, convertidos en bellos especímenes del Museo Barts de Patología en Londres. Para la fundadora de Art Macabre, la creatividad no se limita únicamente al artista y a su obra, los modelos también crean. “En los salones el modelo no solo posa, representa un papel. Les suelo preguntar si tienen un talento particular, porque hemos tenido desde modelos que cantan, tocan instrumentos o hacen yoga hasta bailarines de burlesque o mimos… No queremos personajes anónimos con rostros inexpresivos, aquí son las estrellas del show. Incluso tuvimos un concurso, ‘Drop Dead Gorgeous’, en donde competían por la corona”.

“Representamos cómo diferentes culturas han percibido y celebrado la muerte a través de sus rituales y mitos”.

Inquietantes y provocadores como un collage dadaísta, los salones de Art Macabre están abiertos a todo tipo de artistas, desde ilustradores y profesionales gráficos a quienes se inician en el dibujo o, como bien apunta Nikki, a aquellos cuyos profesores de plástica les dijeron en la escuela que mejor soltaran el pincel, no fueran a sacar un ojo a alguien: “Es un espacio de creación abierto, así que más que enseñar nada tratamos de inspirar a las personas para que pongan parte de ellos en su obra. Para mí el arte es terapéutico y ayuda a desbloquear nuestro inconsciente y tratar con las áreas más oscuras de nuestro yo, con nuestros miedos”.

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‘Death Drawing ‘entre los especímenes del Barts Pathology Museum de Londres

 

Ain´t No Grave can hold my body down…, rasguea su fantasmagórica guitarra el ectoplasma de ‘El hombre de negro”, Johnny Cash, desde algún lugar bajo las estrellas de Tennessee. Nadie (excepto Walt Disney) puede posponer hasta el infinito su muerte y, sin embargo, ese inexplicable misterio que nos iguala ha fascinado a artistas desde que el lienzo era el interior de una cueva.

Según Nikki Shaill estamos abriendo nuevos caminos culturales para pensar y enfrentar nuestro destino. “Hace un siglo tratábamos de huir de la realidad de la muerte, pero creo que la estamos asumiendo y reelaborando la idea que tenemos sobre ella culturalmente. Lo podemos ver en la riqueza del universo gótico, el revival victoriano, las nuevas tendencias en taxidermia o el interés que hay por la anatomía y las sinergias entre el arte, el diseño y la ciencia. Por eso en nuestros salones intentamos representar cómo diferentes culturas han percibido y celebrado la muerte a través de sus rituales, mitos y leyendas”.

Afilen sus lápices cual guadañas de mina… Esto es Art Macabre: Gore y divertida como una película de Tarantino; un lugar donde los superhéroes caen como moscas y los ahorcados tienen tortícolis… Es la Muerte del Romance y la del Arte y morir por un atracón de chocolate, y todas las muertes posibles capaces de ser vivir eternamente en una cuartilla.

¿Abrirás la puerta de la cripta? www.deathdrawing.com/next-event

 

La pinacoteca siniestra de Nikki Shaill: Tres obras indispensables del acervo macabro
(1) El Voluptas Mors (1951) de Salvador Dalí en colaboración con el fotógrafo Philippe Halsman’s: 
“por la yuxtaposición de vida, carne y muerte en el clásico estilo del memento mori surrealista”.
(2) Las oscuras y bellas ilustraciones de Aubrey Beardsley, como Salomé.
(3) Todo Francis Bacon, “que siempre me turba con una violencia visceral”.